30.8.04

amor que muere bajo una noche estrellada II

Obra de teatro en un acto y cuatro cuadros

Segundo cuadro: Bernardo está solo en su cuarto, pensando en la mujer que lo acababa de dejar. Su único amor desde que Carolina (su esposa) murió. Mientras cavilaba por el cuarto, sintió un escalofrío que lo alarmó; era la segunda vez en su vida que lo sentía y ya sabía de qué se trataba, pero igual fue su sorpresa al verlo materializado esta vez; una sombra aparece en escena.



-Sé que estás adentro, lo siento, tu mirada penetrante invade cada centímetro de mi cuerpo pero no quiero voltear, no quiero verte. Sabes que tengo miedo, pero no será mi fin. Pero sigo aterrado, y es que ¿quién se atreve a mirar a la muerte a la cara?, Aún no es demasiado tarde para vengarme de ti. Mejor actúo.
Hacía mucho que aquella sombra alada se había detenido en una esquina y no paraba de contemplarlo, no movía ni un solo músculo (si es que los tenía), ni siquiera se escuchaba algún signo de respiración. Bernardo no tenía manera de ubicarlo. No pudo esperar más y corrió hacia la cama, se acercó al boureau, abrió el cajón y tomó unas tijeras. Bernardo volteó rápidamente y lo sintió en la cama; acosándolo de cerca y apunto de atacar. La sombra tenía una mirada confundida, trataba de entender lo que pasaba, pero antes de que pudiera expresarse huyó y en ese momento Bernardo clavó las tijeras en una almohada y la destrozó. La sombra había escapado; una vez más.
(entra su hermana Carla)

-¿Qué haces?
-Silencio que se escapa.
-¿Qué?
-¡Shhhhhhhhhh!
-¡Ay bueno! Qué genio te cargas hoy hermanito.
-No estoy de malas, pero algo se estaba moviendo entre las penumbras de mi cuarto, me analizaba, estudiaba cada centímetro de mi cuerpo tratando de buscar el punto donde todos los sentimientos se rompen y el dolor es tan fuerte que la muerte, más que un castigo, hubiera parecido un alivio. Yo tenía miedo; demasiado miedo. Me paralizó por momentos y el único dominio que me quedó sobre mi cuerpo fue el de quedarme quieto. Casi sin respirar traté de escucharlo, miré por entre los lugares donde había estado pero ya no estaba.
-¿De qué hablas? Estás medio loco, ja ja ja.
-No, no estoy loco, estoy asustado. Pero ante este peligro encontré una salida, no era una salida fácil pero era mejor que el pánico, ahí estaba la mesa de noche y recordé las tijeras que guardo ahí; Exactamente lo que necesitaba. Era un boleto sin retorno a aquella libertad que estaba en juego desde que esa sombra apareció. Lo único que necesitaba era un poco de valor, juntar unos gramos de coraje y lanzarme a contraatacar, si lo lograba, hubiera dejado de sufrir. Todo se veía tan simple que con un solo movimiento todo habría acabado, más debía de hacerlo rápido, muy rápido, si no él pudiese haber visto las tijeras y eso hubiera sido una catástrofe. Sentí su mirada, su incomprensión la máximo, y al momento de entrar tú, la sombra desapareció.
-Una de dos Bernardo: o te estás quedando totalmente chiflado o lo de escribir se te pasó de la raya. ¡Definitivamente que no entiendo a los literatos! Un día lloran de emoción al contemplar el atardecer y al otro día están en su cuarto tratando de matar una sombra con las tijeras, ja jajaja.
-¡No te rías!
-Perdón que me ría pero es un poco incomprensible, por eso yo prefiero las computadoras a los libros. Son un mundo abierto sin complicaciones.
-Hay mi hermana la internetual, tú no entiendes nada. Una sombra me acosaba y tú piensas que estoy loco, ahora ya se fue pero de haberla visto, tú…
-Oye, y hablando de partidas, ¿dónde está Marta?
-Se marchó
-¿Adónde?
-Lo mismo me he estado preguntando yo desde que la puerta se cerró.
-Pero ¿porqué?
-¡Dice que yo la volvía loca!
-¿Pero se veían tan felices juntos?
-Pues parece que eso no era felicidad para ella, me dijo que se asfixiaba a mi lado.
-Pero su relación era tan abierta, ¡tan libre!
-¡Sí!, para ella eso no parecía especial.
- La verdad, no entiendo.
-Ni yo, ¡qué idiota fui! Yo que pensaba que esta vez el amor se había apiadado de mí.
-¡Ay, Bernardo!
-No importa Carla. Si el amor existe, te juro que lo voy a encontrar… Algún día nos vamos a encontrar.
-¿Y ahora te sientes un poco mejor?
-Si, eso es seguro. Ahora me siento, sino mejor, por lo menos diferente.
-Y yo no sé si decir “qué bueno” o “cuánto lo siento”.
-No hay falla, del suelo no pasa.
-¿Pero estás lo suficientemente bien como para dejar de perseguir sombras verdad?
-No empecemos con lo mismo, no lo vas a entender jamás.
-Bueno, entonces ¿qué?, ¿Nos hablamos en la semana?
-Igual.
-Cuídate guapo.
-Tú también nena, ¿salúdame a mama sí?
-De tu parte, ciao. (sale Carla)


oscuro.



amor que muere bajo una noche estrellada III

Obra de teatro en un acto y cuatro cuadros

Tercer Cuadro: Bernardo y Carla están bebiéndose un cafecito. Han pasado tres años, sino es que más, desde que Marta se marchó, parece que han cambiado pero no es así; las cosas siguen (para él) igual que cuando ella se fue, para Carla sí ha cambiado la vida, pero eso no es relevante. Él le habló por teléfono porque tiene algo importante que contarle, pero como siempre, Marta acapara escena y no lo deja hablar. La escena puede estar llena de gente o ser íntima; da igual.


-¡¡Ya Carla!! No te hagas del rogar y dime su nombre.
-Para qué, no creo que lo conozcas, tú eres un total ermitaño. – Carla dice mientras toma una taza. Vienen llegando y llevan todo el camino discutiendo trivialidades.
-Pero los nombres vienen y van. A veces salgo de mi cueva, aunque sea para ir con mi editor y pues, las cosas se saben tarde o temprano. De vez en vez voy a ese tipo de fiestas, alguna vez tuve tu edad.
-¡Cálmate anciano!
-Pues ya casi, pero a lo que me refería es que yo conozco ese ambiente.
-¡Nah! Conoces a los literatos por sus obras y eso es recíproco, pero jamás el ambiente en el que se mueven: Mucho hablar, mucha coca, mucho sol, mucho alcohol, mucho amor, mucho sexo; Mucha vida para ti.
-Es cierto, ha pasado mucho tiempo desde que me salí de ese ambiente.
-Ya han pasado tres años desde que ella se fue.
-Lo sé, pero igual no he podido olvidarla. Aunque mi equipaje cabía en un dedal, pesaba demasiado como para ir detrás de ella.– Extrañamente, Bernardo, aunque dice cosas tristes, aparenta extrema felicidad.
-¿No has pensado en dejar de ser tu propio espectador, de cambiar, no pensaste en conocer a alguien más?
-No, la luna escondía su mirada y yo quería conquistarla y ya vez, todo sigue igual. Marta es la única.
-Pero ella ya no está, Bernardo. Por favor entiende.
-No, si entiendo muy bien, lo que no podía era comprenderlo.
-¿Y entonces, qué vas a hacer?
-Hasta hace poco, lo único que hacía, aunque no me gustase, era gritar su nombre en la obscuridad. Pero por el momento sigo haciendo lo mismo que siempre.
-Osea, nada.
-No, eso no. Preferimos esperar.
-¡Pero no sabes nada de ella! Qué tal si vive fuera de la ciudad o peor aún, si ya se casó.
-No, pues ni hablar, ¡ja!
-Sabes, tu idealismo de mierda no te va a llevar a ningún lado. Te vas a quedar solterón, a menos que Marta no aparezca por arte de magia. (Bernardo Sonríe)- ¿Se puede saber de qué te ríes?
-De dos cosas.
-La primera...
-De la magia.
-Y la segunda...
-¡De qué no me has dejado hablar!
-No entiendo.
-Pues que la magia hizo su arte y Marta ha regresado.



-¿Eso es lo que me querías contar?
-Eso mero.
-No es cierto.
-Tan cierto como que el cielo algún día fue azul.
-¿Pero cómo?
-¿Cómo le hizo la magia? Eso, para que veas, no lo sé.
-¡No pendejo! ¿Cuándo fue que la viste o qué?
-Apenas la semana pasada, te hubiera avisado antes, de no ser porque estás saliendo con el “Sr. Patán de nombre desconocido”.
-Hernán, se llama Hernán.
-Eso da igual ahorita. Por lo menos ya te callaste y tengo tu entera atención.
-Muy chistoso ¿Y… cómo fue que te la encontraste?
-Tú lo has dicho, “por arte de magia”.
-No ya, en serio.
-Pues estaba yo, ¡para qué veas como si salgo, eh!, buscando unos libros en aquellas librerías perdidas del centro de la ciudad. Caminaba por entre obras prohibidas y bizarras que jamás se han leído cuando sentí una columna frente de mí. Bueno, no era una columna sino una persona y al impactarme contra ella todas mis cosas rodaron por los suelos. Montañas de libros cayeron al momento y luego, la vista se me nubló pues me levanté demasiado rápido. Cuando al fin pude afocar y las nubes se dispersaron, lo primero que me encontré fue una mirada cálida y añorosa. Era ella, sin verla aún bien, sabía que era mi Marta.
-¿Y qué hiciste?
-Pues pensaba decir algo elevado, ya sabes, de lo que tanto pensé durante tantos años.
-¿Y qué contestó?
-No pudo contestar nada cuando lo único que dije fue un estúpido y titubeante “hola”.
-¡Ja, ja, ja; Te cohibiste mala onda!
-Pues si, pero ella tuvo un poco más de cordura y una reacción diferente a la que todos hubiéramos esperado.
-Sí, de indiferencia y evasión.
-Eso es obvio. Yo hubiera pensado que ella no quería saber nada de mí.
-Pero han pasado ya tantos años que siempre cabe la duda. Y hablando de aquella reacción distinta que mencionabas, ¿cuál fue?, ¿Qué te dijo? ¿Se portó igual que la última vez?
-Para nada, de hecho, no te la vas a creer.
-¡Eso es seguro! Si no me la he creído desde que empezaste a narrar, ¿tú crees que con algo más interesante no me voy a caer al suelo?
-Cuando la vi, me di cuenta de que ella no habíase movido ante el choque; ni siquiera un poco. Conservaba aquel bello estilo en sus formas de siempre mostrar distinción y la confianza en sí misma se percibía a kilómetros.
-¡Ya Berni, no divagues!
-Bueno, tú dijiste que siguiera narrando. En fin, te digo que es otra. Literalmente lo que Marta me dijo fue: “Te extraño”.
-¡Qué cínica!
-¿Porqué?
-¡Por qué! Pues porque ella se largó ¿te acuerdas? Se fue, te humilló, te destrozó el corazón Bernardo. Marta desaparece en el tiempo y un día te la encuentras; así, por arte de magia, porque ni siquiera te ha encontrado, nunca te busco y cuando tú la encuentras, ella lo único que dice es: te extraño.
-No fue lo único que dijo. Después del encuentro me sorprendí mucho y esperaba estar enojado si algún día sucedía algo así, pero la verdad es que no. Me dio gusto verla, yo también la extrañaba, yo aún la quiero; siempre la quise. Nos fuimos a tomar algo, luego a comer. Pasamos toda la tarde juntos y luego la dejé en su casa. Ella ha cambiado, te lo juro. Sus miedos desaparecieron, y es que el tiempo hace milagros con la gente. Tú por ejemplo cambias de novio como de calzones y nadie te dice nada, pero cambia tu actitud hacia la gente. La vida es un buen remedio contra sus mismas imperfecciones.
-Tal vez tengas razón, la gente cambia con el tiempo; algunas... no todas. Hay gente que no cambia, tú por ejemplo. Siempre esperando el amor, siempre buscando la perfección materializada de un Cupido mitológico.
-Pues tiene que haber gente como yo para que el mundo subsista en tiempos cibernéticos como estos.
-Si Bernardo, pero las cosas cambian como tú lo has dicho, sólo hay que dejárselo al tiempo.
-Pero también hay cosas que perduran; el tiempo es eterno...
-...Y la vida es un abismo. No mames. Tú y yo siempre nos acabamos peleando por estas cosas.
-¿Entonces de qué quieres que hablemos? Tú y yo somos agua y aceite.
-Pero nos queremos mucho...
-¡ja, ja, ja, qué cursi!
-Ni hablar. Contigo no se puede. Y, volviendo a lo de Marta, ¿en qué quedaron?
-Esta noche le pido matrimonio.
-¡Qué! Ahora sí me caigo de espaldas recontracagada. ¿Te has vuelto idiota?
-Mira Carla, llevo tres años esperando al amor, esta vez, no lo dejaré ir... Aunque tenga que matarlo.

oscuro.

29.8.04

amor que muere bajo una noche estrellada IV

Obra de teatro en un acto y cuatro cuadros
(último cuadro... leer el número I primero)


Cuarto Cuadro: Después de abrir el balcón Bernardo siguió arreglando la casa mientras tarareaba una canción cursi, ahora todo estaba preparado. Bernardo se había pasado más de tres horas arreglándolo todo para que fuera perfecto; como la primera vez. Ahí estaban la música, la vajilla, las flores recién cortadas, la cena y… un candelabro con tres velas en el centro de la mesa proponía la única iluminación del lugar.
Bernardo tomó asiento en su sillón favorito mientras esperaba la llegada de Marta. Miró su reloj, faltaba poco. De repente una preocupación cruzó por su mente y volteó angustiado hacia el balcón; estaba abierto y Bernardo sonrió.
Pensó en todo el tiempo que llevaba planeando este momento, ahora nada podía fallar, esta era su noche.




-Esta es mi noche – murmuró mientras recobraba la calma. (suena el timbre)

El sonido del timbre lo sacó de sus pensamientos, se dirigió a la puerta y la abrió, era Marta. Tan puntual como siempre. Llevaba una falda negra hasta los tobillos la cual se ajustaba a sus formas tan esculturalmente cinceladas por el ejercicio, y un sweater corto que al moverse ella, dejaba entrever su abdomen; era preciosa, Bernardo lo sabía y se cuestionaba la suerte que había tenido al reencontrarla.
-Te ves hermosa.
-Gracias, me arreglé nada más porque dijiste que esta noche es especial.
-Igual te ves hermosa siempre.
-Me vas a chivear.
-Bueno, entonces ¡Bienvenida a mi noche de velas!.

-Bonitas velas en una noche tan estrellada como esta – Marta se acerca al balcón para contemplar las estrellas y Bernardo la observa desde la puerta, siempre le había fascinado aquella manera suya de caminar; tan fuerte, tan segura, tan suya. Luego él la sigue y la toma por los hombros amorosamente.
-Pasemos de una vez a la mesa ¿te parece?
-Me parece perfecto, muero de hambre – respondió Marta con asombro pero sincera y agradecidamente – tuve hoy un día terrible.
-Podemos hacer que eso cambie.
-Estoy segura de que va a cambiar. – Dijo Marta cuando Bernardo la tomó del brazo. Suavemente y la dirigió a la mesa, le acomodó la silla y se dirigió a la cocina para regresar con el platón de pasta y la carne.
-¡No puedo creer que tú hayas cocinado todo esto! – expresó Marta con tono de incredulidad.
-Hay muchas cosas que aún no sabes de mí, el tiempo pasa y la gente cambia. – Bernardo hablaba con cierto tono divertido y volvió a la cocina desde donde concluye – pero hay cosas como el amor que nunca se olvidan.

Cuando Bernardo regresó traía una bandeja con dos copas y una botella de vino tinto, sirvió las copas y después de colocar una en cada lugar, se sentó y levantó su copa.
-Por nosotros – brindó Marta.
-Por el amor – contestó Bernardo.

A Marta le pareció que se respiraba un aire de amor que nunca antes había sentido, la confianza volvía a ella y esta vez no tenía ganas de escapar. La mirada de Bernardo la embriagaba, la hacía soñar y ahora estaba segura de que nunca podría amar a alguien más que a él.
Toda la cena transcurrió de maravilla entre risas y gestos amorosos, entre sueños y esperanzas, entre rostros y… ¿y el balcón? Marta no entendía porque Bernardo volteaba tanto hacia el balcón, lo notaba nervioso, aunque eso era normal. Ella tenía la seguridad de que, de un momento a otro, Bernardo le propondría matrimonio y un precioso anillo saldría a relucir.

-¿Sabes?, has estado muy misterioso Bernardo – Marta lo dijo porque desde que la había invitado, lo había hecho con mucho ahínco. Él dijo que no podía faltar a su noche de velas porque algo muy importante tendría lugar esa misma noche, aunque no soltaba prenda de lo que sucedería y con un “ven y lo verás” evadía todos los cuestionamientos de Marta. La figura de Bernardo sirviendo el helado la extrajo de sus cavilaciones.- ¿De qué es?
-De chocolate.
-¡Mi favorito! – dijo con voz chiqueada pues desde muy niña había sido adicta al helado de chocolate.
-Lo sé.- dijo Bernardo mientras sonreía y colocaba el plato de helado en el lugar de Marta, después de retirar el plato sucio de la pasta. - Se muchas cosas más...
-Y... ¿ya será hora de que me entere acerca de lo que va a suceder hoy? – preguntó Marta aún con su tonito de niña ingenua, tratando de seguir el juego.
-En cualquier momento lo verás, en cualquier momento lo…- Bernardo giró rápidamente su cara hacia el balcón al ver a la sombra que se introducía por éste. - ¡¡¡¡POR FIN!!!! – gritó mientras descubría la ballesta que había estado ocultando debajo de la mesa, adherida con cinta de aislar a la misma, desde que su noche de velas había empezado. Marta soltó un alarido mietras divisaba una flecha que atravesaba el comedor en dirección al balcón y después de un grito más de sorpresa que de dolor, un ángel caía al suelo con una ala perforada.
-¿Qué carajos está pasando? – gritó Marta histérica al ver a aquella figura celestial retozando en el suelo de dolor. En ese momento, Bernardo se acerca, y ella recibe un fuerte golpe en la cara que la deja inconsciente.
-¡¡Cállate pendeja!! Y no interfieras – Gritó Bernardo al cuerpo inmóvil de Marta, después cargó nuevamente la ballesta con una flecha que se encontraba pegada a la parte inferior de ésta y se dirigió hacia el ángel que yacía en el suelo tratando de soportar el dolor.
-¡Por fin! – volvió a gritar – llegó tu hora Cupido de mierda – Bernardo pateó con gran fuerza al ángel, el cuál dejó caer su arco mientras se estrellaba contra la pared, después lo tomó del ala herida y la desgarró totalmente.
-Detente...- dijo casi sin voz el ángel, que trataba de entender lo que pasaba pero el dolor no lo dejaba pensar, tenía varios huesos rotos a causa de las patadas y el golpe contra la pared. Además, su ala derecha estaba totalmente destrozada. Bernardo lo aventó boca abajo en el sofá de la sala, arrancó la manta que cubría su endeble cuerpecillo y así lo siguió golpeando salvajemente sin soltar la ballesta.
por favor...
detente...
ahahahah... - el ángel no podía hablar más y lo único que conseguía emitir eran unos leves gemidos de su pequeña boca mientras sentía como se desgarraba poco a poco su interior.
-Ésta va por el amor de mi padre que nunca tuve, ésta por el amor de Carolina que me arrancaste salvajemente cuando la muerte se la llevó, ésta va por todo lo que he sentido por Marta…- Bernardo gritaba con júbilo, más que con dolor pues su venganza se había por fin consumado, era tal su felicidad que ni siquiera notaba la sangre que el ángel escupía a bocanadas cada vez más grandes. Al fin Bernardo descargó su última patada con tal fuerza, que parecía ser la primera vez. Cupido sintió algo punzante que le picaba en la cabeza mientras en su mente desaparecían paulatinamente los gozosos jadeos de Bernardo.- Lo siento mucho Cupidito, pero esta vez me tocó joderte a ti.
-Ah...- fue el último suspiro del ángel que fallecía en esos momentos mientras una flecha atravesaba su cabeza.
-Te gané la batalla bajo una noche estrellada – una lágrima solitaria se mezcló con la sangre del ángel que únicamente había bajado del cielo para esparcir un poco de amor.

F I N

27.8.04

planta carnívora vegetariana

Un amigo tiene una planta carnívora.
Traté de darle de beber agua del grifo.
Mi amigo lo impidió a toda costa.
La planta, dijo él, sólo toma agua embotellada evian.





-
Estoy bien ácido.
- Wey, ya párale, ya voy a hablar con tu mamá.
- Es la buena onda.
- ¿Tu mamá?
- No, el acid life.
- En slow motion compadre... cada día vas más lento.
- Jajajaja, ¡pero me acelero más cuando combino pastas con unos sorbos de redbull y wiskey! así encuentro el punto medio.
- El punto es que lo encuentres, ya te tomas las pastas como si fueran de tarea, te vas a volver loco.
- El chiste es ser loco, no estar loco.
- Onda yo pensé que con tus rollos de la yoga y los viajes a la playa te habías purificado.
- Corrección: los viajes en la playa, además fue una purificación espiritual, el cuerpo necesita combustible para poder volar.
- ¿Y a qué más le pones?
- Un poco de aquí y otro de allá... pachequeo diario, periqueo seguido y los fines de semana los reservo para los ácidos; hay momentos para todo tipo de sensaciones.
- Seguro ya ni se te para, jajajaja.
- Pues como mi vieja no se queja, ella celebra todo lo que hago, eso tampoco importa, soy para ella un dios.
- Ella está peor que tú.
- ¿Por? Si ella es una marihuanita feliz.
- Si pero una cosa es que tú seas un atascado y otra es que te celebren las pendejadas como si fueran chistes en realidad.
- Ella me acepta como soy.
- Tú deberías de aceptar que eres un drogadicto.
- Ya, me voy a limpiar, voy a fumar pura mota durante una semana y la coca la dejamos para los días festivos.
- Como tu funeral, y si bien te va terminarás en una granja todo ido y babeando.
- Mientras me den morfina no hay fijón.
- Chale...
- Jijijijij.
- Ya sabes lo que dicen, “hierba mala nunca muere.”
- Si es de la buena yo la mato con todo gusto, despacito y sin dolor.
- Ni hablar, ¿dónde vamos a comer?
- Donde tú gustes.
- ¿Te parece uno restaurante argentino que está aquí en la esquina?
- Mejor paso.
- ¿Y eso?
- La carne es mala.
- No cabe duda... carnívoro pero vegetariano.



international carnivous plant society


24.8.04

diálogos efímeros IV

Viernes por la noche la Reina Sardina, después de un encuentro rápido con él y un beso en la mejilla...
- ¿Lo conoces?
- Si, mantenemos -o mas bien manteníamos- amoríos… amantes, tú sabes.
- ¿En verdad? ¡Pero qué escándalo!, yo conozco a la mujer.
- Ja, ¿en serio?
- Si, la chica que nos acompañaba hace rato es muy amiga de la novia... la conozco por ella.
- Mira nada más... quién lo iba a pensar... y yo tan dicharachera que andaba... agradable muchacha.
- Que cosas...
- Bah, así es la vida.
Después de esto, hubo un par de miradas con asombro y un silencio prolongado. Se esperaba en la fila para entrar al bar.


lipgloss

Cocker / Senior / Mackey / Doyle / Banks



No wonder you're looking thin, when all that you live on is lipgloss and cigarettes. And scraps at the end of the day when he's given the rest to someone with long black hair. All those nights in, making such a mess of the bed. Oh you never ever want to go home. And he wants you so you may as well hang around for a while, call your dad on the phone. He changed his mind last Monday, so you've gotta leave by Sunday, yeah. You've lost your lipgloss Honey, Oh yeah. Now nothing you do can turn him on, there's something wrong. You had it once but now it's gone. And you feel such a fool for laughing at bad jokes and putting up with all of his friends and kissing in public. What are they gonna say when they run into you again? That your stomach looks bigger and your hair is a mess and your eyes are just holes in your face. And it rains every day and when it doesn't, the sun makes you feel worse anyway. He changed his mind last Monday, now you've gotta leave by Sunday, yeah. You've lost your lipgloss Honey, Oh yeah. Now nothing you do can turn him on, there's something wrong. You had it once but now it's gone. Though you knew there was no way it was gonna last for ever, it still shook you when he told you in a letter that he didn't wanna see you. You nearly lost your mind, Oh yeah. You've lost your lipgloss Honey, Oh yeah. Now nothing you do can turn him on, there's something wrong. You had it once but now it's gone, Oh yeah. You've lost your lipgloss Honey, Oh yeah, Now nothing you do can turn him on, there's something wrong. You had it once but now it's gone. Oh yeah.

22.8.04

insomnia

“Mientras que el Sol aparece”…



In the meantime of daylight arrival
I have decided to take the red pill
Stay in this deamworld a little while,
And believe it is not going to end… ever.

Everyone knows how is it like to be up there…
In that cloud full of sadness,
And as long as you are there,
Nothing else matters.

My dear love, I do not care if this is real or not
… But what is real anyway?
I do not ever want to know if all this shadow
Is going to vanish with the rays of light

As long as I am with you
Let me hold you like nothing is going to take us apart… ever.
Let me dream a little longer
Let me think we will be together… forever.

Because I would rather be unhappy loving you this night,
Than not having loved you… ever.

In the meantime of daylight arrival
I have decided not to take the blue pill…
Not to believe what they want me to believe
Not to wake up without you of this endless night.

19.8.04

diálogos efímeros III

1.
- ¿Cuándo dejas de trabajar en la importadora de quesos?
- El jueves próximo. Acaba de llegar queso de cabra sin ceniza, ¿quieres?
- Si, aunque con ceniza sabía muy bien.
- No, sólo hay sin ceniza, ¿te llevo unos rollitos?
- ¡Si! Creo que fui Heidi en mi otra vida.
- También compré mantequilla alemana para el director, así el día que vayamos a ensayar a su casa nos fabrique un strudel de manzana.
- ¿Segura que no te gastaste todo tú sueldo de un trabajo temporal en reinvertir el dinero comprando sus productos?

2.
- Comadre, me voy a comer unas carnitas con los compañeritos de trabajo.
- Provecho, me saludas a tu úlcera.
- De tu parte.
- Te mando la cara de “delicia” para acompañar tus tacos.
- Es la cara de “mami”... de hecho es la cara de “MAAAAAAAAAAAA-MIIIIIIIIIIIII”.
- No, de Delicia, que es la hermana de Sillycia, que es prima de Malicia... que no tiene nada que ver con Alicia porque ésta vive en Wonderland con el conejo desde hace varios años.
- ¿¿¿¿¿Qué????
- Nada...Tendrías que leer mi colección sobre “Silicia y Malicia” para entender la historia de las hermanastras de Alicia.
- Comadre, báñate con agua muy fría...
- Intentaré bañarme con agua muy fría... si me equivoco de llave, comerás caldo de pollo.

18.8.04

tiempo perdido... tiempo ganado

Si volviera a estar sola
Mil noches pasarían,
Si viviera un tiempo perdido
Jamás con la cuenta daría.

Y es que su presencia me guía,
Con su mirada me alumbra
Un camino sin estrellas
Que sola yo no vería.

Él es la luz que ilumina,
Él es la luz que me guía,
Él es el sueño infinito
Del tiempo que juro perdido.

La mayor de las tempestades,
La mar de riesgos marinos
No se compara en un hilo
Con su tenue iris benigno.

Un ángel no es,
Ni siquiera energía potencial,
Es mucho más que simple estrés,
Él es música en espiral.

Su sombra no es fría,
No es blanca y menos brilla,
Su sombra inspira
Anhelante compañía.

La calma de mis sueños,
Abrasa tu recuerdo
Que con un sólo momento
Dejó en tinieblas mi cerebro.

Cabezas que giran,
Insomnios constantes,
Y una alegría infinita
De pájaros cantantes.

El coral de las venas
Se derrite de impotencia,
Y el Sol agita sus mechas
En estragos de impaciencia.

Sabores afrodisíacos,
Olores de mil esferas,
Visiones sin más fronteras,
Sólo son lo que tú esperas.

Osado el que olvide los fuegos
O el que se burle del infierno
Que no es sólo sabiduría,
Sino una antigua profecía.

Si volviera a estar sola
Mil noches pasarían,
Si viviera un tiempo perdido
Jamás con la cuenta daría.

Y es que él es mi vida,
Mis tinieblas, mi alegría.
Es el canto el día
De un tiempo con cuenta perdida.

La pasión y los temores
De los más remotos rincones
Se alumbran de colores
En batallas de canciones.

¡Alumbra luz tenue del día!
Que ya comienza otra vida,
Una vida sin derroches
Con batallas por las noches.

La vida no es más que un abismo,
Una caída infinita.
La muerte es como el insomnio,
Ajena a las pesadillas.

La vida con Él es el reino del abismo;
Es el mar de un tiempo perdido.
La muerte sin Él es más que el insomnio,
Es un sueño de olvidos.

Refugio de sueños,
Agitadores del olvido,
Refugio de sueños
Para un tiempo perdido.

Sombras nocturnas que abrigan
Y de tempestades cobijan,
Sombras de noches sin luna
Con estrellas en penumbra.

Es más que un rey de las sombras
Que señorea mis tinieblas,
Con su simple mirada certera
A mis temores desespera.

Más un ángel no es,
Ni siquiera energía potencial,
Es mucho más que simple estrés,
Él es música en espiral.

Brilla su alma
Al compás de mi Luna,
Mientras la oscuridad se aplaca
Y la luz se difumina.

Si volviera a estar sola
Mil noches pasarían,
Si viviera un tiempo perdido
Jamás con la cuenta daría.

Y es que él es reloj de mi vida,
De mis noches y mis días.
Es Él el sonido de un viento
Con tiempos y juramentos.

Él es la luz que me orienta
Por caminos de alegría,
Él es el sol que calienta
Mi cansada sinfonía.

Una eternidad de sombras y promesas,
Una eternidad de jugadas y destrezas.
Instantes profundos de dolor,
Que harían vuelcos en cualquier corazón.

Ojos color de trigo,
Labios sabor a miel,
Elixir de los vivos
Penetra por siempre en mi piel.


soy un dulce que nunca en la vida había visto

I'm a Necco Wafer!
I'm a Necco Wafer!
Take The Candy Test today!
Created with Rum and Monkey's Personality Test Generator.

"You're kind of old, and kind of stale, and no one really likes you anymore, but they keep you around for the sake of nostalgia. And rumor has it that most candies today wouldn't exist without you. But you probably started that rumor, didn't you?"


está rudo aquello de que nadie me quiere jajajajaja, pero lo peor es que seguro estos dulces saben a mierda, y aunque hice el test como cinco veces haciendo trampa, nunca pude sacar la foto de los chocolates, gracias.

17.8.04

La última vez que se escuchó de él


(intento desesperado de hacerlo volver)

Hola señor sueños fantásticos. Te escribo esta noche porque así tú lo pediste, no espero que lo que escriba te haga estar de acuerdo conmigo, simplemente disfruta y libera tus ideas de la jaula dorada mientras lees estas simples líneas. Pues esta noche una ventana está abierta, y del lado derecho se observa una calma seductora, un vacío de movimiento que no se descubre a simple vista; es más que frío interno, es simple música en tus oídos. Es la calma que se espera después de un día mortalmente agobiante y es la recompensa a los cientos de victorias ganadas por aquellas almas valientes y guerreras que se esfuerzan por no dejar que la noche salga corriendo por la ventana. Esa es precisamente la noche que habitamos nosotros, una noche que parece no haber estado lejos nunca pero irremediablemente estuvímosla buscando. Esa noche está aquí, imponiendo autoridad al día que no volverá jamás. Es cierto, la noche entra por la ventana y del lado derecho se observa un inquietante vacío, mientras que por el lado izquierdo, donde aquella ventana aún permanece cerrada, nos encontramos ante un constante movimiento, donde la noche no fluye con la calma que acostumbra, donde vivir sin aire es menos peligroso que dormir sin sueños. Aquel lado izquierdo de la ventana es inciertamente atrayente y fascinante al gusto del buen aventurero.

Quiero que entiendas que para mi, tú y yo somos aquella ventana. En cierto modo somos la misma, labrados del mismo material y cubiertos por el mismo velo cegador que cubre todas las demás ventanas. Esta ventana pudiera no ocultar nada excepcional, más hay algo que denota incertidumbre. Cada una de sus partes es diferente, la derecha es tranquila y ante la tempestad se mantiene inmóvil; pudiese decir inerte. El lado izquierdo se cierra ante la opresión, ante un murmullo aterrador que proviene del exterior y que, si por esta parte fuese, jamás penetraría en la habitación. Me gustaría que descubrieras a qué lado perteneces tú.

Hay un lugar incierto, hay un momento muerto, donde todo queda dentro, donde todo es algo nuestro. Deja que la noche viaje, deja que tu alma sueñe, deja que tus labios ardan y que todo lo demás espere. He esperado horas así, me he hecho sentir sólo a mi. Y nunca imaginé que esta precisa noche estuviera tan cerca de mi.

Es que no me importa realmente lo que hayas dicho, simplemente no puedo estar así nada más; como estuve ayer. Sigo actuando de la misma manera como quieren que actúe y eso no cuadra. De cualquier manera sólo una sonrisa lo borra todo y hace que la esperanza resucite de los fuegos tenues de una vela que ha llegado a ser la espera, y te das cuenta de que no hay nada más que esto; y esto está bien. Así que no debe importarnos las cosas que haces. Sabes que de hecho, puedo introducirme dentro en lo más hondo de ti para hacer que tus ojos simplemente toquen y sientan de la misma manera en que ellos observan.

La forma en que aquel mágico ámbar incierto de tus ojos me jala hacia dentro es indescriptible. Si tan solo, por un momento siquiera, tan solo además de perderse en sentido y texturas se dieran cuenta que mis ojos, (Los míos en especial) se están rompiendo en pedazos desde el cielo.
Es que no importa realmente lo que hagamos y sé perfectamente que jamás podré introducirme en ti para que tus ojos aparenten identificar el fuego como debiesen. Al menos, no pierdes ese sentido de saber que hay algo más aquí, algo que se esconde de ti y de mi. Porque hay mundos para donde partir con miradas dolientes y corazones marchitos y todos los rezos que tus manos pudiesen hacer.

Pero yo todo eso lo desecho, porque en cierto modo me lastima; todo lo desecho como si fuesen rostros de antaño que se lanzan hacia el espacio, o como lanzar mis brazos alrededor tuyo al igual que ayer y darme cuenta que el frío se hace cada vez más tenue. Ayer, varada frente a tu silueta, mis ojos se abrieron orbitalmente al momento de mirar aquel rostro de la misma manera en que me gusta que se vea y encontrar tu sonrisa en el preciso lugar donde siempre la plasmo dentro de mis recuerdos; lo único que me fue imposible evitar, fue el contener mis lágrimas saladas de la misma manera en que seguramente lo haces tú.

Disculpa que las promesas no sean las mismas, disculpa que todo lo que se dijo ayer no fuera exactamente un diálogo rosa; pero así es mejor, así se siente bien. Se siente bien conocer algo distinto que no necesariamente es malo, simplemente es diferente y por lo mismo genera una especie de atracción por aquello desconocido. Y es que no importa realmente lo que digas, sólo que no puedo permanecer más de la misma manera en que estuvimos ayer, simulando que actuamos como quieren que lo hagamos sin que sea nuestro deseo. Más bien debemos sonreír y olvidar porque las promesas se rompen y esa especie de acto de hacer y creer, que realmente no necesitamos, desaparezca ya que no hay nada mejor que esto. . .

Y al fin, me despido diciendo que esto es simplemente otra forma de decir lo mismo.


(… Su última respuesta y el adiós)

Si en tu abrazo pudiera encontrar siempre la extasiante sensación que un par de estrellas de un tenue color azul me hacen sentir, esta inevitable incertidumbre saldría de mí como lo ha hecho de ti, dando rienda suelta a tu más grande temor... irónicamente haciéndote estúpidamente feliz.

Sé lo que en tu interior fluye por mí, así como también sé que me gustaría sentir un poco más de cerca el sol, siendo tan capaz de hacer inexistente el frío que por la ventana entró junto con él.

Pero todo es un constante cambio y sé que tu frialdad se pierde en el espíritu en conjunto resultante de un gran amor... ¿Cuándo? … No lo sé, ¿cómo? tampoco... Sólo lo sé...


10.8.04

buen provecho mi querido coronel

Caminaba el Coronel Márquez muy seguro de lo que hacía y a la vez orgulloso de volver, por las veredas que muy bien conocía; sin embargo, ya no eran las mismas que antaño recorriera. Él iba aun erguido, a pesar del largo trayecto del tren, que lo había dejado exhausto, pero no había nada en ese momento que le quitara las ansias y el deseo de volver, así que no se detuvo ni un solo instante; él estaba decidido a regresar y así lo haría. Estaba llegando al pueblo, ya no veía a nadie conocido, la mayoría de los que transitaban por las calles eran gente joven o niños y el trató de identificar a alguno pero le resultaba imposible; había pasado mucho tiempo. Al llegar a la vieja casona de las afueras, tocó la gran campana que colgaba del pórtico, tres veces como de costumbre, pero antes de que alguien respondiera a su llamado, se dijo a sí mismo: “¿Qué estoy haciendo?, esto no tiene sentido; ya es demasiado tarde”, y regresó por donde vino.

En la taquilla de la estación una mano indiferente le pasó por debajo del vidrio el cambio de su dinero y un boleto para regresar a su hogar. Al tener el boleto de vuelta en sus manos estuvo apunto de soltar una carcajada irónica, “si yo no tengo hogar, mas lo pude haber tenido hace algunos años si no me hubiera marchado dejándolo todo en el olvido”. Un joven le asignó su lugar junto a la ventana como a él le gustaba. Se sentó, acomodó sus cosas debajo de su asiento (pues desconfiaba de ponerlas en algún compartimento y olvidarlas al bajar) y se disponía a dormir. Al ver como corría el tren entre los matorrales desérticos, sentíase desfallecer, su pasado estaba cada vez más lejos y él no lo podía evitar; era tarde ya.

El coronel se odiaba con todas sus fuerzas, estuvo apunto de realizar un sueño que llevaba atravesado en el pecho desde hace mucho tiempo y por su falta de coraje o su miedo al reencuentro, se marchó echándolo todo por la borda, ¿Cómo era posible que fuera tan fuerte en su juventud y se hubiera vuelto tan débil ahora, sería acaso que los recuerdos y el rencor le pesaban en el alma? Se iba preguntando una y otra vez lo que hubiera pasado si le hubieran abierto aquel portón de donde había escapado despavoridamente hace apenas una horas; tal vez ella seguía siendo igual que antes: liviana como el aire, dócil como la seda y tan hermosa como una flor. Tal vez ya no vivía más ahí, “pudo haber muerto y yo ni me hubiera enterado” se dijo a sí mismo. Y como se hubiera enterado si estuvo lejos tanto tiempo. Sí, fue un infeliz y bien hubiera hecho ella al morirse sin avisar antes, él nunca fue capaz de mandar un cable para anunciar que no volvería, que sería mejor que se hubiese casado con otro, que sé yo.

Mientras pensaba esto, el coronel fue acomodando su pesada cabeza acumuladora de recuerdos en el respaldo y poco a poco se durmió. Al dormir, su sueño no fue nada placentero. Soñó con ella, un cuervo negro sostenía su frágil existencia en la boca mientras volaba y él, por más esfuerzos que hiciera al tratar de alcanzarlo con sus manos, le era inútil y se iba alejando cada vez más del lugar de partida.

El tren se detuvo en su primera parada, donde muchos pasajeros subían y bajaban mientras otros sólo permanecían en sus respectivos asientos esperando la reanudación del viaje. Uno de esos pasajeros que subía era una mujer que tenía un pie en la entrada de la edad madura pero no había perdido el encantador fulgor juvenil de sus ojos.

- - - - - - - - - - -
Cuando subí al tren me asignaron un lugar en la tercera fila, rogué que no me sentaran junto a un fumador porque desde hace tiempo ya no soporto el humo del tabaco. Así fue que llegué donde un hombre dormitaba, tenía más o menos mi edad. Para no interrumpir su reposo acomodé mis pertenencias en forma silenciosa y me senté en mi lugar. Observé al hombre largo rato; su cara se me hacía muy familiar pero no lograba encontrar el parecido con alguien conocido, así que me di por vencida y saqué mi novela del bolso, me gustaba leer mucho en los trenes ya que el viaje se me hacía más rápido y no tan tedioso.

Sentí los movimientos del hombre que se desperezaba y me moví un poco a la derecha ya que mi hombro le estorbaba para acomodarse.

- Usted perdone, no sabía que alguien estaba ocupando su lugar pues al subirme yo en el tren, su asiento estaba vacío.
- No hay cuidado, ¿tuvo usted un buen sueño?
- En realidad no, soñé con un cuervo y con muchas otras tarugadas.
- Pues parecía usted todo un angelito al dormir, lo he estado observando.
- ¡Qué embarazosa situación!
- ¿Por qué dice usted eso?
- Es que yo cuando duermo ronco y además babeo si estoy muy cansado.
- ¿Tuvo un largo viaje?
- Si, fui a visitar a una vieja y muy querida amiga pero no la encontré. ¿Y usted?
- Yo voy a visitar a mi madre que está muy enferma.
- Cuanto lo siento.

El Coronel olfateó un olor delicioso y volteó a ver la canasta que llevaba la mujer en el regazo.
- Y, si se puede saber, ¿qué lleva usted en aquella canasta? - Dijo curiosamente señalando en dirección al olor.
- Son manzanas, a mi madre le encantan, además le van a caer de maravilla en su enfermedad.
- Manzanas. . . . . . . . . . .
- Si, son el mejor de los remedios contra los malos espíritus que provocan la enfermedad. En mi tierra se acostumbra a poner algunas manzanas, de preferencia verdes, en las vitrinas o cualquier mueble que sea abierto con frecuencia. Como le decía, se guardan verdes en la vitrina y conforme van madurándose, su exquisito olor se va soltando y cubre la casa ahogando a los malos aires e impregnando el ambiente de fluidos afrodisiacos que llenan el alma de amor y felicidad.
- ¡Pero ha dicho usted manzanas! - repitió el Coronel con insistencia.
- ¿Por qué le sorprende tanto, si son lo más típico por la región?
- Hace mucho tiempo, cuando yo tenía menos de la mitad de edad que tengo ahora, se acostumbraba hacer una fiesta de aproximadamente dos semanas de duración en mi pueblo, debido a la celebración de las fiestas de pascua. Todos se reunían en la plaza de la ciudad y llevaban lo que mejor supieran hacer. Unos llevaban carnitas, otros chicharrón, algunos más llevaban manualidades que ellos mismos hacían para venderlas en las fiestas y muchas otras cosas. Ahí andábamos mis amigos y yo, estábamos muy alegres como era lo usual entre todos los jóvenes y paseábamos por entre todos los puestos cuando la vi. Estaba atrás de un modesto aparador, liviana como el aire, tanto que parecía que se elevaba entre todas las demás cabezas del festejo. Le juro por lo más sagrado que exista que nunca vi ni volveré a ver jamás a una mujer tan bella como aquella; su boca era perfecta, su nariz tan fina como la sal, su cabello de un color tan negro como el azabache mismo, pero lo más bello eran sus grandes ojos fijos. Yo no sabía si acercarme de una manera u otra, su mirada me tenía anonadado, al fin me decidí y me acerqué. Le pregunté que era lo que vendía y me dijo que manzanas, volví a preguntar “cuánto cuestan”, nada - dijo ella - mis manzanas son tan especiales que no tienen precio, las come aquél que quiera saber lo que es la vida, “¿qué, tan buenas son?”, pruébalas y verás - contestó en un tono un tanto atrevido y un tanto burlón, me acercó una servilletita de tela azul bordada por manos de ángel con dos manzanas envueltas en ella, a simple vista parecían manzanas comunes y corrientes, es más, me atrevo a decir que se veían de mal aspecto (un poco verdes), pero ella me había gustado tanto que ni siquiera se me ocurrió hacer un mal gesto o una mueca. En fin, tomé aliento y di un mordisco a la primer manzana. ¡ay, cómo recuerdo aquel instante! parece que fue ayer, es el mejor recuerdo que guardo de ella, mientras comía, un jugo afrodisiaco recorría mis dientes y mi paladar hasta llegar a mi estómago, no puedo expresar la explosión que causó aquel sabor en mis entrañas, sentí. . . sentí ¡la gloria! Al abrir los ojos la vi, ella estaba más radiante que nunca, sus dientes reflejaban el fulgor del sol. En ese preciso instante supe que yo no podría separarme de esa mujer jamás. . . . . ¿pero qué le pasa, se a puesto más pálida que la misma muerte. Está usted bien?
- Si. . . es sólo un pequeño mareo, no se apure ya estoy bien. Ahora, si me disculpa, voy un momento al tocador.
- Pase usted.

La mujer se levantó de su asiento y como un rayo desapareció de la vista del Coronel, él quedó un poco perturbado por la reacción de aquella mujer, había estado tan atenta al relato, con un interés extraordinario y, al poco tiempo, su rostro hizo una mueca de horror y su cara palideció hasta tal punto que parecía desfallecer. Más el Coronel olvidó el incidente en pocos minutos y decidió cerrar los ojos mientras ella volvía, ya que le había parecido encantadora y quería charlar un poco más en lo que el tren seguía su recorrido hasta la próxima parada.

Más el Coronel no sólo cerró los ojos sino que volvióse a dormir profundamente. Esta vez volvió a soñar con su amada, mas que soñar la recordó, recordó su sonrisa de perlas, recordó sus grandes ojos fijos y más que nada, recordó el amargo recuerdo que él le había dejado al partir prometiendo regresar sin haberlo cumplido nunca. Él sabía que no había regresado por cobarde, por no tener las agallas suficientes para madurar y morir junto a ella, él quería vivir libre su vida, sin estorbos, sin molestias como todos los jóvenes. Pero uno de esos días se dio cuenta de que la extrañaba y ya era demasiado tarde para volver; la había perdido para siempre.

Una angustia proveniente de lo más profundo de su ser lo obligó a despertar y por inercia miró el asiento vecino, ella no había regresado del tocador y ya estaba oscureciendo. Después bajó la vista y no encontró sus pertenencias, sólo un viejo pañuelo azul bordado con dos manzanas frías y mal envueltas. Con horror, el Coronel desenvolvió una de esas y la mordió, al hacer contacto el fruto con su boca, no tuvo que pensarlo dos veces; era el mismo sabor del amor que había probado hace tanto tiempo. Entonces, por un impulso aventó el pañuelo que tenía recargado sobre las piernas al suelo y corrió al sanitario; no había nadie, después revisó cada uno de los asientos del vagón pero el esfuerzo fue inútil; ella se había ido. Con la mayor de las ansiedades, llegó al final del compartimento y empezó a gritar “¡paren el tren, paren el tren, tengo que bajar inmediatamente!”, más el tren no se paró.

Un empleado se acercó al Coronel y le dijo:
- Señor, el tren no puede parar sino hasta dentro de una hora y media.
- !Es que tú no entiendes!, ella se ha ido, se ha ido sin siquiera hablar conmigo. ¡No pude decirle cuanto lo siento y jamás volveré a verla!
- Si esta usted hablando de una mujer que salió en carácter de urgente, es cierto ella se ha ido. Bajó en la última estación.
- Jamás volveré a verla - susurró el Coronel.
- ¿Disculpe?
- No, no es nada - el Coronel bajó la mirada y con las lágrimas apunto de brotarle por los ojos, decidió regresar a su asiento.
- ¡Espere Coronel! Ella dejó una nota para usted.

El Coronel abrió el papel con las manos temblorosas y leyó algo que iba más o menos así:

Mi querido y viejo Coronel:
Jamás pensé volver a verte, de hecho pensé que habías muerto y eso me consolaba un poco. Sin embargo, al reconocerte esta tarde en el tren tuve ganas de matarte yo misma, nunca entendí porqué te fuiste; la verdad ya no me interesa. En fin, espero que disfrutes las manzanas que te dejo ya que eran lo único que me quedaba de tu recuerdo.

Buen Provecho mi querido Coronel.



el premio de este cuento (UNAM DGIRE 1998)



8.8.04

bicicleta roja


Lo importante no es la muerte, sino el trayecto.
La muerte depende del transporte que se use para ir hacia ella.
La peor muerte la dan los transportes públicos
En especial los del tercer mundo.

Los transportes públicos
Son cárceles temporales;
Inhiben la libertad,
Inhiben el movimiento natural y espontáneo,
Inhiben hasta la capacidad de oler.
Sería mejor andar en bicicleta
Y respirar el aire impuro de la ciudad.

Alguna vez tuve una bicicleta
Era roja
Bien bonita…
Nunca aprendí a usarla,
Ni siquiera cuando tenía rueditas
Prefería los patines,
Porque el dolor de la caída era igual
Pero con los pies más cerca de la tierra,
Sin la posibilidad de enterrarte el manubrio.

En ese entonces
Regalé la bicicleta
O alguien la tomó prestada
Para siempre.

Ahora quiero comprar una bici
Y aprender a andar en ella
Pero sé que permanecerá en el patio
Posiblemente llegue hasta mi muerte oxidándose
O termine por regalarla a mi hermanita.

Pero no tengo bici
Ni hermanita a quien dársela
Y tampoco ando en transportes públicos
Así que seguiré caminando en libertad...

4.8.04

diálogos efímeros II

1.
- ¿Cómo has estado? El que se ríe a solas está loco
- Ha estado rudo... pero bueno, tengo muy buen humor, me estoy tomando una bebida energética con un cigarrito y que chingue a su madre...
- Eso está cotorro. Después de leerte no me quejo. Yo si estoy de mal humor y apesta.
- Si, el humor apesta. Digo, el mal humor no nos lleva a ningún lado, te lo dice alguien amargado por naturaleza.
- No mames, sabes que también soy amargueitor. Pero si, estos días no puedo evitarlo y luego estoy de sonámbulo, pronto pisaré una clínica mental.
- Si estás de sonámbulo deberíamos cotorrear de madrugada. Yo he estado durmiendo de día. Me da sueño a las 5am. En estos momentos, además de un tic nervioso en el ojo izquierdo, realmente creo que puedo quedarme loca pronto.
- Yo a las 5am estaba más que despierto, pero dormido... ¡qué ironía!
- Está cabrón eso de sonambulear.
- Es como vivir el sueño, pero estás despierto... no sé.
- Yo tampoco. Yo nunca duermo bien de noche, ojalá pudiera vivir el sueño. Además, me da mucho miedo la obscuridad y nunca dejo de pensar... no puedo dormir, te digo que me estoy quedando tocadiscos... un par de jugadores me patean del lado contrario allá arriba.
- Chale, creo que estaremos en el mismo asilo mental.
- Sólo con una condición.
- ¿Cuál?
- Que nos pongan computadores portátiles para poder comunicarnos en los momentos de silencios incómodos.
- Eso está fresco; de frente y hablando por ordenador.
- ¡Claro! Si algún día sacamos un álbum, hagamos de este momento la portada del disco: tú y yo en un jardincito con batitas blancas y onda jugando ajedrez, pero en vez de eso, chateando.
- Satirizaríamos la globalización.
- Punk.


2.
- Aquí ando. I thought there was a virtue in always being cool
- ¿Andás ranqueando?
- Si un poco. ¿Qué dice la Ciudad?
- Cree que tú y yo estamos locos.
- Sí estamos locos, el fin de semana fui al campo y en ciertas pláticas una amiga ya se me quedaba viendo con ojos de "este güey qué pedo".
- Jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Me imaginé perfecto y me ataqué de la risa, ¿no importa?
- No, no manches, ríes sola, jajaja. La plática era como de asesinatos y de que si matarías a alguien y así.
- Me molesta perderme esos momentos de la vida... con mi mastercard me voy a comprar una cámara para que te la lleves y te filmes en esos estados.
- ¡Seguro! Hacemos un reality show.
- Que únicamente programaría la estación de nuestra casa de la risa.
Se llamaría "Lati".
- Si queremos vender en EU, tenemos que hacerlo pedo latino, entonces ponemos "lati-n"
- Jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, estoy loca y me río sola.
- ¡Hagamos Lati-n a huevo!
- Voilà, una más de nuestras ideas brillantes.
- Urge hacer billete para hacer una compañía, no se de qué sería, pero echaríamos a andar todas estas mamadas.
- Con el dinero de la compañía juntaríamos para poner el asilo mental de nuestros sueños.
- El asilo de nuestros sueños sería como lo describiste hace rato, solo sillas y ordenadores. Cuando eres loco, no necesitas nada más.
- Cuando eres... porque no solo se "está" loco, sino se pasa de nivel y se "es" loco. Onda eres hombre y eres loco.
- Estar loco es sólo un estado, ser loco define tu personalidad. Ya me preocupé, onda eso del sonambulismo, no es saludable, pero me late porque siempre que me despierto de una noche de sonambulismo, me siento super raro.
- Define raro.
- Pues así como Neo ve Matrix cuando vuelve a entrar, o como el guey de Dark City ve el pedo cuando se resuelve todo... raro... apendejado y además como que se que pensé cosas chingonas en la noche, pero es imposible recuperarlas.
- De nuevo... ¿qué esperas para filmarte? Es la base de "Lati-n".
- Si, he pensado en filmarme sonambuleando, estatría cabrón...
- Estaría loco.
- Urge hacer dinero.
- Dejar de trabajar.
- De ser burócrata.
- Cotorrear todo el día frente a un ordenador.
- En el asilo mental.
- Me voy, tengo junta.