30.10.06

diálogos efímeros XXVI

- ¿Quieres hacer algo para tu cumpleaños?
- No
- ¿Quieres que le hable a tus amigos y organice una cena?
- No tengo amigos en México.
- Es increíble que después de diez años viviendo aquí no hayas hecho amistades.
- Así soy, siempre un tipo solitario.
- Bueno T te cae bien, ¿por qué no le hablas?
- T no vive más acá; huyó del país.
- ¿Por qué se fue?
- Decía que yo le acosaba, quería estar lejos de mí.
- Bueno, pero tendrás amigos en la universidad.
- No, mis alumnos piensan que soy raro y hablo mal el inglés.
- ¿Qué tal M? M te cae bien.
- Si, pero M es amigo tuyo… como todos los demás.
- ...
- ...
- ...
- Cuando era pequeño tenía dos amigos imaginarios.
- ¿Dos?
- Si, y eran paquistaníes.
- Tal vez podrías llamarlos ahora.
- También ellos huyeron de mí.
- ¿Te acuerdas cuándo?
- Creo que cuando mi madre me llevó con el psiquiatra y él le dijo que era perfectamente normal para un niño como yo. Tal vez se ofendieron.
- Claro, todos los niños esquizofrénicos tienen amigos imaginarios, pero ¿paquistaníes?
- Si bueno, éramos muy pobres como para inventarme amigos ingleses.
- ¿Ambos eran hombres?
- Si carajo.
- ¿Alguna razón en particular?
- Probablemente porque además de esquizofrénico era lo suficientemente estúpido como para no imaginar dos conejitas de Playboy.
- Supongo que siempre hay tiempo para volver a intentarlo.
- ¿Borrar a los paquistaníes y generarme un nuevo registro?
- Bueno, ya seríamos seis a la mesa para tu fiesta. Y los muchachos imaginarios te lo agradecerían...
- Podríamos imaginar que es una fiesta de disfraces y vienen todos de fantasmas.
- Sería... interesante...

20.10.06

Harvey J. Kaye

abre

cierra

abre

y bosteza...

abre

cierra

abre

dejaste de ver

hace tanto

perdida en la pared

siempre la pared

abre

cierra

abre

comienza a enfocar

caracteres borrosos

letras impresas

y el dolor

incrustado

en la boca del estómago

boca del infierno

gástrico

3 litros de agua

múltiples viajes al baño

abre

cierra

abre

cuidado con la puerta

oscuridad

olor a claustro

y jaqueca.

desgaste emocional

amarrado

cual inverso imán

a la página 136

de un mal libro

pésima traducción

caracteres borrosos

que saben a cruda

café

19 cigarrillos

y gastritis crónica.

abre

cierra

el libro

y escribe unos versos

para descongestionar

la mente.

la lectura

carcome las entrañas

y cuando mueres

“el resto es historia”

17.10.06

isla negra


Hace falta
conseguirse una Isla Negra
perdida en el tiempo
y el corazón de un bosque
al sur del ecuador.
Hace falta borrar a la gente,
dejar de bailar el tango,
no sentir el rock,
cerrar los ojos en el cine...
cruzar las piernas,
sentir frío el suelo cercano;
catarsis interior.

Perderse en el azul tostado
del océano helado.
Hace falta admitir
no querer cerrar las heridas
con tiempo,
sino con agua de mar...

Sal occipital,
dulce de leche,
cordillera montañosa
café al amanecer...
Redonda cátedra musical.

¿Cómo pretender
cerrar las heridas
si son el motor del pensamiento?


Neruda me dice
desde su escritorio en el mar
“Regresé de mis viajes.
Navegué construyendo la alegría”
Prodigiosa mutación
del pensamiento
en sonido.

Describir las cosas
que se ven en los viajes
lleva consigo
varios cartuchos
de tinta,
callosidades en los dedos
y un par de cuerdas bucales...

Lo intenté
y no bastó.

Dejo algo mío
incrustado en el alma
de tu isla negra.
Es agotador
intentar remover el erizo
de tu dura coraza,
le produciría dolor
al interior de tu exilio emocional...
similar al sentir
cuando uno se va.

11.10.06

nada

hoy me he dado cuenta
que nada más sirvo
para escribir dialoguitos,
versuchos baratos,
cantar con potencia
pero mala entonación,
enfrascarme
en un proyecto de tesis
deficiente (y si lleva s en vez de c me vale gorro),
respirar como si alguien
me persiguiera,
bailar peor que las principiantes,
ligarme lesbianas gordas y feas,
dejar de fumar a escondidas,
y darme cuenta
que el arrepentimiento
además de hacerte mierda el corazón
y clavarte una espina en el orto,
no sirve para nada más.


para colmo
olvidé como llorar...

5.10.06

simple mathematics

La clase de Temas Selectos de Mate -hace ya 6 años- ha sido uno de mis más grandes errores selectivos de la historia.
Solía partirme el cráneo martes y jueves de 10am a 12pm escuchando a un profesor de tercer mundo que resumía sus lecciones en "Los que vienen de área I ya vieron esto en cálculo diferencial, ¿cierto? … Bien, entonces pacemos a la siguiente unidad."
Le faltaba decir "los que vienen de área IV porqué no salen a atrapar mariposas al jardín y nos vemos en el extraordinario".
Igual me tronó ese hijo de puta todo el año... e igual bajó mi promedio general 3 décimas... *los ñoños de mi escuela me veían con desprecio en la graduación*
Recuerdo cómo mi amigo Claudio agotaba su infinita paciencia tratando de explicarme cómo funcionan los sistemas matriciales… fracasó siempre, de todas esas noches sólo recuerdo el nombrecito pomposo de esas cajas de números del diablo… también recuerdo que aprendí que Excel las usa -y si Excel ya aprendió a hacerlo ¿porqué tengo que aprenderlo yo???- y remembro una excelsa demostración de Claudio quien no sabe usar una graficadora Casio y terminaba las clases particulares de Mate todo lleno de odio… y de cerveza.
Recuerdo a Manuel haciendo comentarios mamones desde la cocina de su casa mientras acomodábamos los libros de mate y el tablero de Risk… comentarios como “las derivadas son funcionales en el sentido de las matemáticas de principios del siglo anterior” y yo nada más pensaba “claro pendejo… tú porque estudiaste Física en la UNAM”.
Al día siguiente en la escuela; la misma historia… Si me iba bien el resultado de mi examen era un hermoso 4 que se promediaba con una botella de Whiskey y ojitos de suspiro de perro hambreado desde hace 40 días.
Yo salía de la “baticueva” con los ojos rojos, la mano izquierda sudada, el codo izquierdo acalambrado, la espalda torcida, el cerebro bloqueado… y en la cafetería escuchaba a Rodrigo León (ahora actuario del ITAM empezando doctorado en no-sé-qué-madre-incomprensible en la London School of Economics de Inglaterra) charlar con Carlos Lever (ahora economista del ITAM a mediados de doctorado en economía-de-los-puntos-de-equilibrio-o-algo-así en Stanford).
- ¿Cómo resolviste el problema 3?
- ¿El del foco y la mesa?
- Ajá. *y Dimi levanta la oreja desde una mesa vecina*
- Comencé utilizando un sistema de variantes, pero descubrí que el resultado mermaba cada 4 unidades.
- Si obvio, lo más sencillo era derivar y luego usar una regla de 3 con la tercer parte.
- Correcto. *blink blink*
- ¿Y qué hiciste con el algoritmo? *yo ni sé lo que es un algoritmo.*
- Dejé en blanco la 4 porque ya tenía puntos extras del examen parcial anterior.
- ¿NO MAMEN QUE LA CUATRO ERA UN ALGORITMO?

Ahora se que un algoritmo es algo así como una fórmula muy compleja aplicada a una situación particular y que Google funciona a base de algoritmos… pero eso me lo dijo Memo, otro amigo mío… de esos ñoños que me rodean jajajaja. Y yo le creo ciegamente.
Bueno, mis amigos son ñoños, y seguramente tendrán super empleos, súper salarios y veinte años más tarde yo seguiré criticándolos en mis efimerías… pero siempre tendré la esperanza de que no pierdan la onda; tipo Napoleón Dynamite.
Si volviera a cursar esa materia de temas selectos de mate –lo cual sería una estúpida e innecesaria necedad- contestaría los exámenes sin tanto estress y con mucho más actitud.





*los nombres en este post han sido alterados para proteger la identidad de sus ñoños ^^*

1.10.06

confesiones de la sartén a la olla


No sé cocinar...
suelo quemar el pan,
incendiarme la mano,
dejar enfriar el té,
derramar el aceite...
morongas en la estufa.

Me desvanecería de hambre
sino estuvieras cerca
para alimentarme...

Para calentar el pan
cantidad exacta de mantequilla
y el justo importe
de leche al cereal.

Yo sólo sé
comerte a ti;
disfrutar lentamente
los dedos
de tus pies,
morder con ternura
esos marcados pómulos
separando
cada hebra
de la barba al tercer día.

Babear sin piedad tus ojos
hasta que se empañe
la sartén
de tu alma.

La receta
secreta
para cocinarte
al punto
amor,
es sólo un poco
de sudor
generado
al mordisquear
frenéticamente
tus orejas
y lamer
el surco
de tu espalda baja
mientras tú esperas
que terminen los
cuatro
minutos
en que se dora la carne...

Comerte entero
de postre,
entremés
y plato fuerte...
Primero en orden,
posteriormente
todo al revés.

Empalagarme
con tus besos
y empacharme
con el amargo
sabor
de tu entrepierna.

Y después
repetir...
hasta morir
envuelta
en afrodisíaca
intoxicación.