24.3.08

destiempos

El jazmín florece, aroma la luna y sin saberlo cae
anémico y se extingue en una pisada.

El témpano desprendido del continente flota, flota
lentamente hacia aguas tibias, cediendo al océano
millones de años.

Para el gato una noche es mil. Su coito un chillido
inacabable.
¿Cuándo es mañana?

Sin sobresaltos, las flores se amustian y desaroman,
el hielo revierte al caos original y el gato duerme.

Los hombres, surcados en memoria, capitulamos el
presente y empujamos al futuro, avanzamos, en
paradójica insensatez, sabiendo que cada minuto nos
lleva al final.

La mariposa colorea al mundo solo un día. Una vida
feliz de horas sin angustias.
No necesita más para encantar una tarde de verano.

B. Tosso

16.3.08

diálogo efímero XXXIV - master plan

- ¿sabés qué es eso?
- ¿perdón?
- eso.
- ¿qué? (el techo, el cielo, el semáforo)
- ¡eso!
- ¿el banco?
- no! ¡esooooooo! (sólo le faltó decirme "boluda!!!")
- (puta madre!) ¿el teatro?
- si. eso.
- si, bueno, es el teatro colón.
- ¡es el más grande del mundo!
- no lo conozco, desde que llegué ha estado cerrado.
- yo nunca he estado... pero dicen qué es el más grande del mundo.
- si, me imagino. (ay! estos tacheros argentinos!)

11.3.08

don't die...

hay veces
que es imposible suprimir la frustración.

siembras plantitas
para tener el jardín lleno de colores y olores.
lo cuidas.
le dedicas tiempo,
revisas que no le falte agua,
que la tierra esté blanda,
que les de el sol,
que el viento no las dañe...

y se mueren
pese a todos tus cuidados
tus plantas
se mueren.

se mueren tus mascotas
tus abuelos
tus padres
se mueren tus amigos
tu pareja
...
por desgracia... se mueren hasta tus hijos
y te mueres tú.

pero primero
se mueren tus plantas.

y te llenas de frustración
odio
y nada...






6.3.08

el exilio visto desde la Argentina

Este país donde habito es tierra de inmigrantes. Pero existen varios tipos de migración, ciertamente las dos más obvias son: la migración voluntaria y la migración obligada. Si bien, dentro del segundo grupo se encuentran los exiliados, el exilio también puede ser una voluntad propia de alejarse lo más posible de un lugar y mimetizarse en otro.

En Argentina, el exilio se respira denso como la humedad de sus buenos aires: a través de la televisión, en los diarios, por entre el nombre y el apellido y dentro de los libros de historia. Desde finales del siglo XVIII y a lo largo de los siglos XIX y XX, la Argentina –tierra extensa, hermosa y despoblada- recibió a todo tipo de inmigrantes europeos y americanos. Polacos que dejaron su tierra por una amenaza de doble filo: roja y negra, de cruces y hoces, miedo y terror. Españoles buscando construir la permanencia de sus tradiciones a través de misceláneas y tiendas de abarrotes, alemanes firmes en la idea de que esta tierra al fin del mundo era capaz de consolidar un proyecto nuclear, italianos aventureros, ingleses fríos pero con ideas apasionantes como el fútbol, las carreras, los clubes sociales, el rugby, el té y el rock.

Pero no sólo existen exiliados en Argentina, los hay por todo el mundo. El tránsito poblacional, cultural y social del mundo es complejo y sobre todo, constante. Empero, hace doscientos años (e incluso menos) que una persona dejara la tierra que lo vio nacer, significaba decirle adiós tal vez para siempre y la única oportunidad de tener esa tierra cerca de esa persona, aunque fuera simbólicamente, era a través de manifestaciones culturales como el énfasis en el nacionalismo y las tradiciones.

Hoy en día las cosas son distintas. El exilio permite, a través de herramientas tecnológicas, una especie de bi-nacionalidad para quien lo vive. El correo no tarda 4 meses en cruzar el atlántico, sino unos escasos segundos por la internet. Los inmigrantes pueden estar en contacto directo y constante con sus seres queridos, leer las noticias de su tierra en tiempo real, mandar y recibir dinero, alimentos, utensilios diversos, incluso mantener vigentes las tradiciones sin tener que modificarlas por el medio que los rodea.

Los transportes y los medios de la comunicación hacen del exilio una vivencia llevadera. Pero hoy, a diferencia del pasado, los migrantes en su gran mayoría, eligen habitar otro lugar, para obtener una mejor calidad de vida. Hay cosas que cambian, como las herramientas para permanecer en contacto, y hay otras cosas que, por desgracia, permanecen. Permanece el miedo, la violencia, la pobreza, el hambre. Permanece la sensación de vacío, la nada y el hastío. Permanece el mal social, la corrupción y la ineficacia del sistema económico político.

No hay una guerra mundial en el ombligo del mundo que envíe a la gente, cual fuerza centrífuga, a los confines del sistema. Los europeos han dejado de exiliarse en Sudamérica; el euro los protege y ahora solo vienen de vacaciones a mirar las impresionantes cataratas del Iguazú, los no menos apantallantes icebergs de la Patagonia, la folklórica ciudad porteña y las hermosas montañas andinas.

Ahora la Argentina tiene nuevos migrantes, que no vienen de tan lejos; paraguayos, bolivianos, peruanos. Vienen escapando de otros fantasmas que portan las banderas del fascismo y el comunismo. No son grandes empresarios judíos, ni ideólogos que escapan de un régimen que los obligue a callar. Son gente común. Sin ideas, sin consciencia de clase, sin necesidad de la revolución, quienes migran utilizando lo más básico de los medios de transporte y las comunicaciones, para establecer villas infrahumanas, donde se vive al día, donde conservar las tradiciones no existe… y sin embargo, para ellos eso es mucho mejor que lo que dejaron atrás.

¿De qué sirve el Internet, la banda ancha, Western Union, el iphone, la videoconferencia, el tren bala y el avión, cuando sigue habiendo miedo, injusticia, violencia, pobreza y una latente fuerza de dejarlo todo por necesidad más que por convicción? ¿Qué estamos haciendo mal?



*Artículo publicado en la sección sólo en Internet del número 204 de la revista Este País, marzo 2008.