27.4.09

diálogo efímero XL - en la escuelita vial

- Así como es importante ponerse el cinturón de seguridad en un auto, en una moto el uso del casco es importante para proteger al conductor. De hecho, es obligatorio portar el casco por ley, hay que usar el casco siempre y listo.
- Yo no estoy de acuerdo, al estado ¿qué le importa si llevo el casco o no? No estoy atentando contra la vida de nadie.
- Está atentando contra su propia vida.
- Igual no me queda claro por qué es obligatorio.
- Y bueno, porque al estado le importa proteger la vida del conductor.
- Pero no te garantiza que vayas a zafar de un accidente.
- No, pero en caso de accidente, tener el casco puesto reduce el riesgo de lesiones.
- Discúlpame, no reduce el riesgo de lesiones, te lo dice alguien que sabe.
- ¿Usted conduce una motocicleta?
- Si, y te lo digo porque yo tuve un accidente.
- ¿Traía el casco puesto?
- Mirá, yo venía a 120 kilómetros por hora en la avenida 9 de Julio, me pasé una preventiva, me estampé contra un vehículo, salí proyectado, tengo seis clavos en el codo y una placa en la clavícula.
- Bueno, pero el casco le salvó la vida, porque cuando uno conduce una moto, el casco es parte de la carrocería.
- Sí, pero no previene el accidente.
- No, lo que previene el accidente en este caso, es no conducir a exceso de velocidad en una avenida y respetar la preventiva deteniendo la marcha.
- Además el casco da mucho calor.
- Bueno señor, me parece que a usted no le deberíamos renovar el registro de conducir.

17.4.09

el gato y la simbología ambivalente II

II
El gato como dios



“Dios
hizo el gato
para ofrecer al hombre
el placer de acariciar
un tigre.”
Víctor Hugo





La primera manifestación del gato como dios puede ser encontrada en una connotación femenina: la la diosa egipcia Bast, patrona de la guerra, el hogar y la sabiduría, y protectora de los campos cultivados, se revelaba con cuerpo de mujer y cabeza de gato. Esto se explica si tomamos en cuenta que los campesinos egipcios encontraron en el gato un equilibrio natural para sus campos generalmente infestados de pestes.

Hasta hace muy poco se creía que el gato, originario del África salvaje, se acercó a las civilizaciones del antiguo Egipto atraído por la importante cantidad de ratas en los graneros y ahí fue donde los sabios habitantes del norte africano descubrieron sus cualidades para disminuir y controlar la plaga de roedores a cambio de nada; trabajo por comida, siendo la comida parte del trabajo. Sin embargo, estudios recientes han encontrado esqueletos gatunos en excavaciones hechas en Chipre durante los primeros años del siglo XXI. Se estima que esta tumba puede llegar a tener mueve mil quinientos años de antigüedad, lo que magnifica un poco más la cantidad de posibles explicaciones de por qué este animal misterioso descendiente del Felis silvestris lybica, ha venido conviviendo con el ser humano desde el inicio de la historia.

De ahí puede que se derive esta temprana adoración egipcia por la compañía felina. Algunos murales y esculturas muestran que Bast, la hija del dios sol Ra, incluso llegaba a tomar la forma de leona en situaciones bélicas, pero siempre relacionándose con la protección del hogar. Expresando así la gratitud de un pueblo hacia un defensor de pequeñas pero peligrosas amenazas.

Sin embargo, pronto el gato se convirtió en un ícono de distinción y poder. Pese a los intentos de los egipcios por evitar que sus sagrados animales salieran de sus dominios, fueron primero los fenicios y posteriormente los griegos, quienes comenzaron el tráfico del preciado animal por el mediterráneo. Posteriormente, al apropiarse de ciudades y tradiciones griegas, los romanos también adquirieron el gusto por los mininos. De esta manera, mediante la expansión del imperio, la raza felina, alcanzó con las legiones romanas, los confines europeos. Los romanos se tornaron en sus fervientes adoradores como un símbolo de libertad. Empero, con la caída del imperio y el creciente auge del cristianismo, se observa en Europa una decadencia de las tradiciones paganas, incluyendo la adoración del gato. Mientras la iglesia cristiana iba derrumbando templos edificados a diversas deidades, degollando las cabezas de hermosas doncellas de piedra, la moda por lo gatuno perdía fortaleza.

6.4.09

el gato y la simbología ambivalente I

I

Entre el dios y el demonio


“No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.”
Jorge Luis Borges

Es vasta la literatura que considera a los gatos como figuras mágicas con capacidades de conectar el mundo de los vivos con el mundo de los muertos, con lo cual, han ganado fama de dioses en algunas épocas y demonios en otras tantas. Sin embargo, pocos son los textos que hablan de este animal como símbolo que relaciona el mundo de los vivos con sí mismos, pero en diferentes estadios.

Para el mundo europeo del siglo XVIII, los gatos eran animales altamente simbólicos. Por un lado, para los burgueses, eran prototipos de poder, pues la pasión por los ellos parecía haberse apoderado de grandes y diversos establecimientos, por lo menos a nivel de los patrones o burgueses. “Un burgués conservaba 25 gatos, tenía sus retratos pintados y los alimentaba con aves asadas.” Pero para los menos afortunados, es decir, la clase trabajadora, los gatos figuraban como ingredientes en todo tipo de medicina popular, sugerían brujería, significaban atraer la mala suerte sobre su dueño o casa. Asfixiaban a los bebés y contaban los chismes en la calle. Incluso, debido al carácter onomatopéyico de su dialecto, varios autores consideran que su poder se concentraba en el sexo, aunque también estaban relacionados con la noche y la muerte. Aún más importante, estos felinos burgueses comían mejor que los trabajadores del patrón. Este fenómeno dio como resultado, una gran matanza de gatos que comenta Robert Darnton (La Gran Matanza de los Gatos, 2001). ¿Qué es lo que motiva este particular acontecimiento, que no se había anteriormente en las tradiciones paganas ni en las tradiciones cristianas?

Comencemos por hablar del término “gato.” El Bestiario de Aberdeen (circa 1200, Colin McLaren, 1995), que contiene textos e imágenes relacionados con diversos animales, hace la siguiente anotación sobre ellos: “El gato, es también llamado musio, cazador de ratones, debido a que es el enemigo de los ratones. Es comúnmente llamado catus, cat, que viene de captura, el acto de capturar. Otros dicen que este animal adquiere su nombre de capto, debido a que atrapa ratones con sus ojos agudos. Por esto, tiene tan perforante vista que supera los límites de la oscuridad nocturna, atravesándola con una luz que proviene de sus penetrantes ojos. Como resultado, la voz griega catus, significa agudo, astuto.”