20.8.09

Adios Nonino

Escuchar esta pieza es y ha sido siempre un deleite... pero escuchar "Adios Nonino" tocado por la grandiosa sección de cuerdas de la filarmónica de Israel, es una de las mejores experiencias del mundo!

Siempre he sentido que los violines son como grillos que adquieren poder en la colectividad. Esta noche, bajo la batuta de Zubin Mehta, las puntas de los arcos parecían pastos; el pasto meciéndose no suavemente, sino con la vehemencia de un viento pampeano, de esos que no conocen límite de velocidad porque no hay montañas que los detengan...

Qué poder en esas cuerdas! Qué sincronía! Qué homenaje al gran Piazzolla! Y qué placer poder presenciarlo... realmente...

Miní! tu primer conciertoooooooooooooo!



y la nota sobre la serie de conciertos de la filarmónica de Israel en Buenos Aires por Página 12

13.8.09

Sin llaves y a oscuras

Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.

Fabián Casas

6.8.09

el gato te busca

Había imaginado
la historia de un gato
que se desvanecía.
Y era tal mi cansancio,
que el gato,
permanecía,
mezclándose,
con una de mis constantes
pesadillas.

A la mañana
ha venido el gato,
ha entrado a la casa,
con una mirada complicada,
ha maullado de una extraña manera,
parece que ha venido buscándote,
pero no te encuentra
porque tú no estás,
no estás
como si nunca hubieras estado.
Y el gato está actuando
de una manera extraña,
como si supiera
que estabas
pero que ahora
todo ha terminado.
Entonces el gato
ha roto una planta,
ha reboleado un tapete,
ha arañado la mesa
y subido al balcón,
siempre buscándote.
Y tú no estás...
como si nunca hubieras estado.
Entonces el gato,
inconforme,
sale por la puerta del jardín y,
con ese caminar hipnótico,
se aleja,
desaparece en el bosque,
y se va.

Cuando tú llegas,
encuentras tu casa,
sola,
vacía,
un poco desordenada,
como siempre,
desordenada,
vacía
y muy sola.
Y la tristeza te embarga.
Quisieras que estuviera el gato,
pero parece que el gato no está,
parece como si el gato
no hubiera estado jamás.

Al final del día,
no hay nadie en esta casa,
ni el gato
ni tú,
solo queda esa sensación de mierda:
desorden,
soledad,
vacío...
quisiera yo también
poder desaparecer.

Y tal vez
por eso sueño,
esperando encontrarme con el gato,
o contigo,
o con alguien más,
que me haga reír,
que me haga olvidar
que alguna vez tuve un gato,
una vida,
un motivo...

Y ahora no hay nada,
como si nunca lo hubiera habido.