24.11.09

Blaisten




"una helada humedad subterránea
le socavó la médula.
Estaba muerto
en una calle anónima.
Era un pobre muerto
tirado en la calle.
Un muerto de morgue.

Incompleto,
sin aminoácidos,
fallado..."

Isidoro Blaistein
fotógrafo que en realidad era poeta aunque se haya dedicado toda su vida a la narrativa.

21.11.09

tratado sobre el odio

Tratado sobre el Odio
o el por qué escribir un tratado sobre la maldad resulta una reverenda estupidez
(originalmente publicado en mi blog abandonado bife con tortilla)


Hay días en que el odio es tal que me impide describirlo. Llena los cuerpos enteramente, nubla el juicio e impide la concentración. Se genera de maneras infinitas, como una chispa, y se esparce recorriendo las venas con velocidad, incrústase en las entrañas y cada fragmento de esencia y materia se contagia… El cáncer está formado de odio puro. El cáncer es el odio de la sociedad. A su vez el odio es cáncer… y el cáncer mata. Por eso la gente se muere de cáncer, porque no puede controlar el nivel de odio que fluye por su ser.

Sin embargo, habemos quienes disfrutamos la compleja gama de odios porque es más fácil definir a la gente a partir de lo que odian. Es un boceto humano mucho más sincero… a partir de la enumeración de lo que se detesta desde lo profundo del ser, es posible desintoxicarse, es posible evitar el cáncer…. Es posible vivir.

Aceptar el odio con ironía y reírse de sí mismo hace el balance. Los demás sentimientos son efímeros. El odio es una constante… la gente que no odia, es completamente ajena a la sociedad o completamente tarada.

Empezaré por decir que odio el autocorrector de Word.
¿Pero lo odio particularmente porque es una herramienta chaqueta de decisión discrecional creada por uno de los monopolios más aplastantes de esta era, capaz de cambiar por completo el significado de un ensayo como éste o como cualquiera, o lo odio simplemente porque el odio es tal en el cuerpo humano que mi tolerancia hacia cualquier otra cosa –en este caso el corrector ortográfico automatizado de una computadora- resulta nula?

Odio las listas. Supongo que por eso voy a enumerar mis odios recurrentes. Si no sería una contradicción discursiva.
1. Odio el corrector de Word.
2. Odio a los (censurado) toca timbres… o a cualquiera que toque el timbre.
3. Odio a los mosquitos.
4. Odio mucho a los que manejan mal.
5. Odio mucho más a los que dicen que manejan bien, pero manejan mal… es decir, todos los que manejan mal.
6. Odio que la gente diga “ya se alivió” cuando quiere decir que una mujer tuvo a su bebé.
7. Odio perder en el solitario spider.
8. Odio despertarme temprano.
9. Odio a la gente positiva.
10. (censurado)
11. (censurado)
12. Odio que todo se rompa…. TODO incluso con mayúscula. TODO SE ROMPE.
13. Odio los lugares comunes: los paradigmas, lo canónico, la otredad, la contradicción discursiva, la frontera cultural… especialmente odio al imaginario colectivo.
14. Odio estar tan cansada que ni me acuerdo bien lo que odio más.
15. Odio a esa gente que se cree tan buena que perdonan a los enemigos… A los enemigos no hay que perdonarlos.
16. (censurado)
17. Odio a los conocedores, a los que citan y al segundo principio de termodinámica.
18. A los taxistas discapacitados con cinco hijos que devuelven un maletín lleno de dinero que alguien se olvidó en el taxi y además no piden recompensa.
19. Odio a los condóminos
20. A los vecinos
21. Y a la gente que tira basura fuera de mi casa
22. Odio a los que tiran basura donde sea
23. A la gente que lava la calle con la manguera
24. Y a los que no recogen la mierda de sus perros.
25. (censurado)
26. Odio ir en el número 22 de mi lista y pensar que el número 11 debería ir más arriba, tal vez en el cinco.
27. Odio el día de las madres, el día del maestro, el día del sindicato del estúpido número uno… y odio que se me compare injustamente con ese personaje verde de mierda animado que no tiene ni la mitad de odio en la sonrisa.
28. Odio cuando le hablas a alguien y se pone a hacer algo más pero te dice: te estoy escuchando.
29. Odio a la gente que canta 3 líneas de una canción infinitamente… y además, trabaja junto a ti: “o te la aprendes y la cantas entonadito, o te callas la boca”.
30. Odio a los gorrones de cigarros. Y a los fumadores cadena también.
31. Odio a los que proponen pero no hacen.
32. A los intelectuales pomposos
33. A las chicas vacías, estúpidas y superficiales.
34. Odio a los que se persignan cuando pasan por una iglesia…
35. Odio que la impresora se quede sin tinta, se coma el papel, o imprima dos veces algo que le dijiste que imprimiera antier.
36. Odio que se acabe la leche.
37. Odio no tener hambre pero terminarme cualquier alimento, botana o chatarra que se sirva frente a mí.
38. Odio a la gente que te recomienda cosas, no una sino 10 veces. "tenés que ver esta peli, te va a encantar."
39. Odio los contestadores de teléfono… en especial cuando al mensaje grabado se le intenta “poner onda”.
40. Odio no poderle decir negra a una mujer que es visualmente negra sin ser denominada ipso facto como racista.
41. Y odio los términos ipso facto, en boga, cum laude, carpe diem y costo-beneficio.
42. Odio a los turistas con cámara por todo el mundo.
43. Odio abrir el correo y ver puros correos cadena asquerosos.
44. Odio particularmente las presentaciones power point
45. Odio abrir el correo y ver que ya nadie escribe, o que nadie me quiere.
46. Odio el pseudo arte conceptual… las obras de arte que no le dicen nada a nadie y en cambio rebasan la delgada línea que divide lo avant-garde de lo pendejo. (también odio avant-garde)
47. Odio todas las palabras que empiezan con “ps” como “psicología”.
48. Odio a una madre que puede seguir charlando mientras su hijo, ese monstruo de 4 años incendia un edificio. (Y odio la palabra monstruo... por complicada)
49. Odio la publicidad que quiere ser chistosa y no lo es.
50. Odio hacer fila para todo. Lo odio!!!!!
51. Odio a la gente que te corrige la pronunciación. Si no te pago para que lo hagas, abstente.
52. Odio a los escritores que hacen sentir en la página uno de su libro, lo muy cultos que son y lo muy estúpidos que creen que somos los lectores.
53. Odio las manualidades.
54. Odio el hipo... propio y ajeno.
55. Odio a la gente que aún en el siglo XXI no apaga el celular cuando entra al cine... no digamos al teatro.
56. Odio a los vendedores de call center.
57. Odio a las secretarias de personas influyentes, porque de ellas depende el 95% de las decisiones que esa gente importante toma… y su criterio está siempre lleno de odio.
58. Odio la burocracia.
59. Odio subirme al metro cuando hace calor.
60. Mierda de perro en la calle: no es graciosa, no es de buena suerte… es mierda, y todos la pisamos.

Hay tanto por decir en el universo... pero en realidad a nadie le importa.



© Copyright Mayank Bhatanagar, www.graphicreflections.org



apéndice:
a) odio que me citen y no me avisen... valiant 1
b) odio que se chinguen mis textos y no me encomillen...el flautista de meufa

yo les hago publicidad al pedo...

6.11.09

diálogo efímero XLIV que sueñes con los angelitos

- bendice a papá, a mamá, a mi hermanita, a mis maestras, a mis amiguitos, a mi abue y a mi que soy chiquita.
- amén.
- amén.
- ma?
- a dormir nena.
- má?
- que?
- mamá me prestas tu chichi?
- no, ya chichi no
- mmm
- hace mucho que no, son mías
- bueno...
- que descanses
- mamá?
- qué?
- me compras una chichi en la tiendita?

3.11.09

memorias de malenito

(a un año de tu partida)




Draco Malevolgio (1994-2008): de cariño “Malenito.” Perrito maltés, gran compañero de mamá, pésimo niñero, alcahuete mala onda, ladrador racista, odiaba en particular a los plomeros y a los motociclistas, meón incontenible y mordedor empedernido. Odiaba muchísimas cosas, entre ellas: el baño, el cepillo y el secador de pelo. Siempre pensó que era un perro grande y era peleonero con los otros perros.  Mordió a todos y cada uno de mis sobrinos y a mí más de 3 veces.  Tenía una amistad tácita con Jorge mi hermano. Cuando mi mamá se iba de viaje nos quedábamos los dos solos, deprimidos, mirando televisión y comiendo comida chatarra, con la idea de que tal vez algún día ella volviera y nos viera muertos de hambre tirados en el pasillo.  En realidad nos hacíamos mucha compañía y yo siempre sentí que yéndome de casa lo había traicionado porque ahora se quedaba solito. Podía pasarse toda la tarde mirando la ventana esperando que entrara la camioneta de mamá. Un par de veces se cayó de la escalera por bajar tan rápido. En Halloween lo disfrazaba y salíamos a pedir dulces. Le gustaba estar vestido y tenía una gran selección de suéteres. Le gustaba la carne molida con arroz y croquetas, también los restos de sushi y los huesos de carnaza, dormir sobre la cama incomodando a todos, ronronear abajo del sillón, sacar la cabeza por la ventana del auto y correr como alma que lleva el diablo.  Terminó sus días haciendo lo que más le gustaba: escaparse de casa.