29.1.10

Pobrezas

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que no tienen silencio ni pueden comprarlo.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar,
como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que tienen el derecho de respirar mierda,
como si fuera aire, sin pagar nada por ella.

Pobres,
lo que se dice pobres
son los que no tienen más libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que viven dramas pasionales con las máquinas.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que son siempre muchos y están siempre solos.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que no saben que son pobres.

Eduardo Galeano
(estos Uruguayos... gracias Marcelo)

27.1.10

sobre la foto antes y ahora


Leí en un blog un "cuento sobre la innovación" que habla de la revolución tecnológica aplicada al proceso fotográfico.

El post dice, en pocas letras, cómo ha mejorado la fotografía gracias a la era digital y cómo antes sacar fotos era complicado, caro, tardado, desesperanzador incluso (cuando ibas por 12 fotos y el de la tienda de película te decía: solo salieron 7), etcétera...

Acá el post completo: cuento sobre la innovación

Creo que entiendo lo que el autor del blog quiere decir. Sin embargo es una visión sesgada porque nulifica todo lo que la foto en su viejo formato, manifestó para la cultura. Tal vez la fotografía como arte haya sido el más impactante del siglo XX. Además, la técnica de revelado (que era lenta y costosa como bien dice el autor) ha producido una consciencia artesanal y un debate sobre "dónde está el documento fotográfico? en el negativo o en la copia?" pues todas las fotos que uno tiene en sus albumes y las que cuelga Cartier Breson en su estudio en París, son copias.

Una cosa más: Esos cacharros, como algunos podrían llamar a las cámaras del siglo pasado, tal vez a una Leica, fotografiaron grandes acontecimientos del siglo XX. Y justo por ser tan rudimentarios, probaban que era una proeza sacaba buenas fotos... no como ahora que cualquiera saca fotos, cualquiera sube a su facebook 300 fotos de una fiesta de quinceañeras: todas borrosas, todas obscuras, todas con cara de estúpidas.

A lo que voy es que de nada sirve la innovación si no podemos aprender del pasado, de la técnica, del esfuerzo por clasificar las fotos buenas de las malas... y sólo mostrarle al público o a nuestros amigos, las fotos que dicen algo de nosotros, del momento y que puedan dejarle algo a la historia.


Primer Leica de Henri Cartier-Bresson

(foto archivo Borgonovo-Alanís)

21.1.10

el gato y la simbología ambivalente III

III




El gato como demonio
- ¿Y cómo sabes que tú estás loco?
- Para empezar -repuso el Gato-, los perros no están locos. ¿De acuerdo?
- Supongo que sí --concedió Alicia.
- Muy bien. Pues en tal caso -siguió su razonamiento el Gato-, ya sabes que los perros gruñen cuando están enfadados, y mueven la cola cuando están contentos. Pues bien, yo gruño cuando estoy contento, y muevo la cola cuando estoy enfadado. Por lo tanto, estoy loco.(1)


Es alrededor del siglo XI que comienzan a surgir las connotaciones negativas sobre los gatos a través de supersticiones de dominio popular como el famoso gato negro que se cruza en tu camino. Particularmente en territorios celtas, donde la brujería era una práctica común antes de los cristianos e incluso antes de romanos, es donde la iglesia católica encabezó su primer cruzada en contra de los gatos a quienes difamaban como brujas metamorfoseadas o familiares de brujas que fungían como espías entre la comunidad y, nuevamente, como interlocutores de este mundo y el más allá. 


La justificación de encontrar en el gato un enemigo del hombre y aliado del diablo puede ser primeramente debido a que son criaturas nocturnas de hábitos curiosos, pero mucho más importante es el hecho de que el gato, siendo un animal tan cercano al hombre desde hace nueve mil años, nunca ha sido capaz de someterse a una entera domesticación como en el caso del perro, cuya evolución de ojos tiernos, lo ha convertido de cazador de patos en mejor amigo del hombre.


Por lo anterior, a lo largo y ancho del período medieval, en Europa se hizo costumbre perseguir a los gatos. Se estableció la fiesta de San Juan como una tradición para quemar brujas y gatos sin distinción. Sin tomar en cuenta que, indirectamente se estaba cazando al cazador. No se necesita ser matemático para saber que, al disminuir la población de gatos en Europa, se incrementó la población de ratas, lo cual, entre muchas otras desventuras, acarreó la proliferación de la Peste Negra, una verdadera amenaza diabólica para la raza humana. Se cree que la plaga, originaria de Asia, llegó al continente Europeo, a través de moscas que a su vez contagiaban ratas que a su vez contagiaban humanos. Algunos estudios consideran que la pandemia provocada por la Peste Bubónica aniquiló alrededor del 30% al 60% de la población europea. (2)


La ailurofobia, este miedo irracional a los gatos, disminuyó alrededor del siglo XIV en la población sobreviviente a la peste. Así, los gatos volvieron a poblar el continente Europeo y las nuevas colonias de altamar, como exóticos compañeros de la realeza y colaboradores de los sirvientes, trabajadores y campesinos que apreciaban su diligencia y extrema limpieza. También se convirtieron en amigos de los intelectuales ilustrados que no tomaban en serio las supersticiones de la iglesia y, en cambio, consideraban al gato un ejemplar asombroso del mágico reino animal ahora, con el Renacimiento, redescubriéndose. Ya decía Leonardo Da Vinci que el más pequeño de los felinos puede considerarse una obra maestra.


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[1] Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas, Londres, 1865,  fragmento del capítulo “Cerdo y Pimienta.
[2] Stéphane Barry and Norbert Gualde, in L'Histoire n° 310, June 2006, pp.45–46, say "between one-third and two-thirds"; Robert Gottfried (1983). "Black Death" in Dictionary of the Middle Ages, volume 2, pp.257–67, says "between 25 and 45 percent".