28.2.15

Roberto Bañuelas

con las primeras luces de la mañana, se escuchaban los primeros acordes, nada muy acrobático, solo algo para calentar los músculos de la garganta y despertar a todos los chicos de la privada.
a medio día, a la vuelta del colegio, se escuchaban unos potentes trinos, unas escalas que iban para todos lados, alumnos que entraban y salían… todas las voces del mundo.
a la tarde una caminata religiosa a la plaza y regar los rosales con su Hortensia.
siempre un “buenos días niña” o “buenas tardes niña.” Hacía que la palabra niña sonara a otra época, con esa voz grave y musical.
los fines de semana, eran los mejores, porque eran para él y ella. y cantaban juntos y se escuchaba la mejor ópera del mundo en un pequeño barrio al sur de la ciudad de México.
una mañana, fui a tocar su puerta y le dije: a mi me gusta cantar, pero nunca tomé una clase. Me invitó a pasar, me paró frente al piano, tocó una escala y me dijo: canta esto. y yo lo intenté. 
cerró el piano, respiró y me miró con dulzura: tienes una muy linda voz, igual que tu madre, bien de mezzo, no hay muchas voces así, deberías educarla.
a lo largo de los años me dio algunas clases, muchos consejos, me dejaba entrar a leer sus libros a la biblioteca. me contaba del Quijote, me cantaba del Quijote.
hace poco lo vi, muy viejito, caminando despacito, con la misma parsimonia y elegancia de siempre, hacia el parque.
y esa fue la última vez.
Descanse en paz el gran barítono mexicano Roberto Bañuelas.

21.2.15

Gaspar Echeverría

"Por encima del edificio de la estación, el cielo se colorea de naranja y ahora anochece con rapidez." Gaspar mira la luz que lo abandona y suspira, resignado. Con una elegancia que viene de otra época, antes de la guerra, se inclina para tomar el viejo maletín de su padre, la piel de la manija está curtida de tanto viajar de granja en granja. Hubo una época en la que servía para transportar instrumentos que salvaban la vida de animales de todo tipo. Esos tiempos han quedado atrás, la vida parece haberse detenido, por lo menos en esta parte del mundo, donde todo se muere muy pronto, incluso el sol.
Se acerca el tren, Gaspar aprieta el maletín y se acomoda la corbata, es tiempo de seguir huyendo. Cierra los ojos y aparecen por detrás de sus párpados las mañanas en la granja, donde todo está tranquilo, donde el sol se toma su tiempo para salir y para esconderse. No todo está perdido.

La frase "Por encima del edificio de la estación, el cielo se colorea de naranja y ahora anochece con rapidez."pertenece al libro de  Gerbrand Bakker "Todo está Tranquilo Arriba" Ediciones Bajo la Luna