29.7.16

yo doy la teta




Nací en un país donde las buenas costumbres se rigen por el pudor y el secreto. Las mujeres siguen caminando detrás de los hombres y aún en el siglo XXI existen fenómenos como la expresión "mande usted" y la "casa chica."

Crecí viendo a las madres dar el biberón (mamadera/mamila) por encima de la teta. Porque es más práctico, porque "la teta es de indias". Todavía escuché cosas así de compañeras mias del colegio que se hicieron madres más o menos al mismo tiempo que yo.

Mi mamá contaba que a ella le vendaron los senos para cortarle la leche. Era la década de los 60s. No había puericultoras, no había enfermeras amorosas. Había secreto, pudor, estigma. Fiebre y dolor.

Así que para mí era común ver cómo una mujer se levantaba de la mesa justo cuanto servían la comida, o escuchaba la fiesta desde otro cuarto, se aguantaba el hambre, o se perdía el final de un partido fútbol para esconderse y darle de comer a su bebé. Para tapar el pudor. Ni hablar de lo que habrá sido volver al trabajo, cortar la lactancia, no poder sacarse leche... No lo sé, porque hay cosas que no se veían y nadie hablaba de ello.

Heredé de mi hermana un pañuelo muy lindo para cubrirme. Y lo usé mucho con mi primer hija. Era lo que correspondía. 


Pero se sentía raro. No solo porque era incómodo. Sino porque me hice madre en Argentina, donde casi ninguna mujer se cubre el pecho cuando da de comer. Pero yo soy mexicana y eso es lo que nosotras hacemos. Taparnos.

Así como cuando estás embarazada vez puras panzas a tu alrededor, cuando estás amamantando, vez puras tetas. Y en Buenos Aires había tetas por todos lados! Y yo con mi pañuelo me sentía ridícula. Mi cuñada, que hace más de 30 años no vive en el país, me preguntó: ¿por qué usas eso? Y yo tenía toda una teoría de la privacidad y el pudor. Pero básicamente era para tratar de convencerme a mí.

Seis años pasaron ya. Seis años de ver tetas en el coro, en la oficina, en el bondi, en el teatro. Seis años de abrir mi taller como un espacio teta free! porque la estimulación musical con bebés va completamente ligada a la teta.

Con mi segunda hija ni saqué el pañuelo. Le di la teta en aviones, colectivos, enfrente de todos mis primos y sobrinos, la vieron mis amigos, mis cuñados, mis alumnos, mis compañeras de trabajo.

Buscando fotos para ilustrar este texto, me di cuenta que con H tengo muy pocas, casi las del hospital recién nacida. El contraste es con C: en la foto nos pueden ver rodeadas de familia, ¡en un transporte público! Recuerdo que ese día una de mis sobrinas mexicanas me preguntó: ¿por qué le das de comer en público? Su pregunta no me molestó, me dio ternura, porque me hizo acordar que hace no tanto tiempo, yo me extrañaba igual que ella. Y le dije: tu primita tiene derecho a comer con todos nosotros. Escuchar nuestras risas, mirar nuestras caras, sentirse parte de mamá y de toda la familia. Mostrar el pecho no debe dar vergüenza. Ella siguió mirándome sorprendida, luego mi hermana le volvió a explicar mejor. Pero sentí que fue una pequeña victoria. Porque si enseñamos la teta a todas las niñas del mundo, ellas sabrán que es su derecho, y saldrán a la calle a defenderlo, como ayer en Buenos Aires.

Me hubiera encantado sumarme a la tetada masiva en Buenos Aires pero estuve fuera esos días. Aplaudo a las amigas y desconocidas que se sumaron a tan grosso movimiento: Es como la liberación del corpiño!! Que se tape la que quiera, que usen biberones las que les parezca más fácil. Lo importante es fomentar el vínculo y el respeto.

Dejemos que las madres decidan si quieren dar la teta o no, si taparse o no. La sociedad las tiene que contener y apoyar. Nunca juzgar ni castigar.

El ejemplo, la cotidianidad, la empatía, te dan fuerza. Que viva la teta! la teta no es porno! la teta no es plástico! la teta es alimento, es vínculo, es amor.




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