20.7.14

Raymond Carver

Al intentar un poema mientras afuera todavía
estaba oscuro, tuvo la inconfundible sensación de que
le estaban observando. Dejó la pluma y miró a su alrededor.
Un momento después se levantó y recorrió las habitaciones de
su casa. Miró dentro de los armarios. Nada, claro.
Con todo, no quería arriesgarse.
Apagó las luces y se quedó sentado a oscuras.
Fumó su pipa hasta que pasó la sensación
y hubo luz afuera. Bajó la vista
al papel en blanco que tenía delante. Luego se levantó
y volvió a hacer la ronda de su casa.
El sonido de su respiración lo acompañaba.
Sólo eso. Evidentemente.
Nada.

Raymond Carver (Clatskanie, Oregon, 1938-Port Angeles, Washington, 1988), Un sendero nuevo a la cascada. Últimos poemas, traducción de Mariano Antolín Rato, Visor, Madrid, 1993

12.7.14

rotavirus de las 00:10

Salir al palier,
a oscuras
y en bombacha,
representa una liberación.

El aire frío
va
desconcentrando
el olor a cloro
que te estaba cortando
la respiración.

Una remera negra
de tus favoritas
se ha vuelto dálmata

después de unos minutos de tortura
se apaga la luz blanca
y tras unos segundos
no está más
la remera
la lavandina
ni la bolsa de consorcio
atada a tu mano
en la oscuridad
de la madrugada

solo estás tú
y tu bombacha azul
y la idea de una bolsa negra
con dos trapos
una toalla
un pantaloncito
...

"la lavandina no lo mata"
has leído millones de veces esta semana.
no mata, no borra, no te hace invisible.

la oscuridad no esconde
lo que tus ojos recuerdan

todo el mundo
está lleno de caca.

16.6.14

on that monday years ago

seis veinticinco - a ciegas enciendo la luz, tomo el vaso con agua, dos sorbos, lo apoyo. hay una chica muy concentrada en una postura de yoga, con un paraguas naranja protege mi buró de las gotitas de agua. siete y diez - H se viste en su cuarto, en su mesa está preparado el uniforme y junto una bolsita con ropa que hay que devolver para S - una sonrisa me descubre pensando lo grandes que están las dos... las tres... ahora. ocho menos diez - nosotros desayunamos, pero H juega con unas grullas naranjas que pendulean del cuadro en la cocina. "no te pongas ese cascabel en la boca, te vas a ahogar."
nueve y media. se fueron todos, quedamos bebé C y yo. cantamos naranja dulce, la que le gusta a S. llega un correo, de Sabia Cocina - que es una marca que probablemente va a desaparecer y será intrascendente en pocos años - y hago un pedido grande para todo el mes. diez y cuarto - C está dormida, voy ordenando la casa, en el living encuentro el libro de Fogwill que D ya abrió (regalo del día del padre) y pienso en las pocas ganas que tengo de leerlo jejejeje, en mi baño los Turistas de Hebe, que nos han sacado carcajadas, hasta lo leo en voz alta! - en mi estudio esas plaquetas que no nos volvieron locos y que todavía no sabemos por qué se llaman plaquetas.
a medio día - el taller online está activo, y miro rápido los comentarios de todos, sin poner mucha atención, porque no tengo tiempo!!! mientras, hablo por teléfono con una clienta, le doy la teta a la bebé, sigo revisando los correos, pienso en las clases de esta semana, mensaje de texto a mi maestra de canto que no me espere, que no llego...
casi es la una - todavía no me bañé. ordeno mi carpeta de trabajo - y al fondo, los ojos celestes de S me sonríen. sonrío de vuelta porque me gustan los jueves que puedo ir al centro a ver a mis niños, los vi crecer junto a sus madres, los acompañé en primeros pasos, primeros cantos, primeras palabras, primeras fiestas. 


el veredicto del médico: es una intoxicación.
remedio: unos días de reposo y caldo de verduras caliente. y algo de kindermusik en el medio.

11.6.14

Stranger in his own Land

This is it. Here I go again. Breath. Walk in.

Las puertas dicen tire, pero siempre empujás. No hay caso. Comenzaste atorándote en la entrada. No que al guardia le importe, su celular cumbiero lo tiene anonadado. Adentro hay carteles, escaleras, ascensores que van para todos lados, pero vos conocés el camino, porque has estado acá varias veces en los últimos años. Un par de pisos arriba, el barullo de la concurrencia comienza a acelerarte el pulso, cada paso es una semicorchea, un puntillo, trecillos, dieciseisavos… taquicardia en el Hall central.

Hace tanto que estudias y trabajas en inglés que, tu primer pensamiento, cuando estás expuesto, viene en ese idioma. Tu sistema nervioso te hace pensar que eres un extranjero para disimular tu presencia y que nadie te vea. Eres invisible.

Pero es incongruente ¿no? Postular tu trabajo ante un renombrado Congreso para exponer tus ideas -entre tus colegas, tus contemporáneos, gente que gira en tu ecosistema hace más de veinte años- y pretender ser invisible.

Ahí está el doctor Cosme cafeteando con la Licenciada Perez Plasencia. Ella habla sobre el poder del otro en la antropología urbana, él se babosea en su escote. Más allá tus compañeras del taller marxista: Ana Laura y Jimena. Resentidas y frígidas, pero sobre todo, investigadoras de quinta... please don’t let them see you.

Allá, junto al Stand de Editorial Planeta, el siempre simpático Edgar Kraus. Ya vas levantando la mano y esbozando la sonrisa cuando ves que vuelve su mujer del baño. Y, como buena socióloga, odia tu trabajo… y te odia porque una vez se lo dijiste.

Así son los congresos. El café es pésimo, el olor a polvo en las cortinas y alfombras se mezcla con el sobaco de los intelectuales y los pseudo intelectuales y los estudiantes mugrosos. Esto no termina de asimilarse dentro de un saco de lino francés, zapatos italianos, portafolios inglés.

Te sientas en un escalón de la salida de emergencia a hojear el programa en la versión anglo. No prestas atención al contenido sino que buscas los errores –horrores- ortográficos, principalmente en tu nombre. De reojo miras a la gente que deambula por el Hall.  Te palpita el corazón pero no sabes si es el calor, el olor, el café, el nervio.

Take a deep breath and follow your mind into a peacefull beach…

Cuatro y media. Tienes sueño, te quieres ir.  Estás a punto de entrar al Aula Magna donde vas a exponer tu trabajo reciente. Todos te conocen, pero nadie te saluda. ¿Será porque no quieren acercarse? ¿Es muy evidente que estás incómodo? ¿Finalmente haz logrado desaparecer?

Aparece el doctor Palmer. Viene con unas connacionales tuyas, todos riendo. En tu fallido intento por saludar en castellano te traiciona una mueca de boludo y la tonada yankee. Empieza la serie de preguntas, sobre el lugar de origen, la expatriación, el matrimonio, la militancia en Norteamérica, la vida en el exilio.

Cada frase te aleja más del estado de no ansiedad, y pese al esfuerzo por responder con monosilábicos o frases cortas, te descubres rodeado de estudiantes curiosos y colegas escépticos que escuchan tu speech bilingüe salpicado de castellano cortazariano.

Breath in, breath in, breath out.

“disculpe Dr. M” te interrumpe una gordita con anteojos y pelo seboso. “Ya estamos esperando a los conferencistas en la sala Eva Perón.” ¿Te habías olvidado que acá todo se llama Eva Perón o Perito Moreno? No, eso no se olvida.

“Muy amable compañera.” ¿Compañera? ¿Camarada? ¿Piba? ¿Cómo se denomina ahora a los estudiantes intelecualoides de pseudo izquierda neo burguesa? Ninis that would be for sure…

Entras en la sala cortando con una espada invisible la insoportable densidad del sueño colectivo de todos los concurrentes. Todavía no empezó el simposio y ya todos tiene pereza de lo que se avecina. Mientras te limpias los dientes con la lengua, te arrepientes de la última tacita de café que tomaste allá afuera; las últimas cuatro. Te sientas, te acomodas los anteojos (¿lentes? ¿glasses?) y se escuchan los aplausos.

“A continuación, el Dr. M de la universidad de Stony Brook. Sus trabajos sobre el envenenamiento por mercurio y la locura en las minas de la Colonia lo han consagrado como una eminencia tanto al interior de la academia de Historia norteamericana, como en el Instituto Nacional de Química y Salud Social.” Clap clap clap.

My hands are shaking and my throat is terribly dry. Should I start drinking water now? Should it make me go to the bathroom in the middle of my conference? May escape then? Should I sart running as Fast as my heart beat? I waited hours for this… I should have stayed asleep today… focus… think… I am gonna try to organice my thoughts, but the ventilador throwing all my papers to the floor is not helping. So no outline, no saliva, no idea why this keeps happening to me after 25 five years as an academic professor! I take a last deep breath before colapsing… I am closing my eyes… forget about inflation, migrancies,peronismo, mate, la Boca, Bartolomé Mitre, Río Cuarto… mis viejos… el PeAche de la calle Riobamba... In the flicking memories I grab into one about my childhood , and my big brother, sitting there, having la merienda with me, telling me: Escuchame boludo, la próxima vez que tengas que hablar enfrente de la clase, hacé un chiste. Cuando los veas reír, todo va a ser más fácil.

La última vez que dí esta charla, mi vieja gritó desde la fila ocho ‘Pablo, por dios, ¿no tenés nada nuevo para decir?’ Es cierto, siempre digo los mismos chistes, por suerte mi vieja ya no está entre nosotros, y puedo volver a presentarme en los congresos Latinoamericanos con mis viejos chistes y sentirme como en casa.”
Everybody is Laughing now. So life proceeds.

7.5.14

crónicas de Río

Hoy salimos con Willie. Como siempre, me esperaba a la entrada del edificio. Siempre tiene un pretexto absurdo para no subir. Hoy eran los perros.
Me despedí de todos en casa, no sin pasar por alto que algo estaba sucediendo. No sé, los mellizos correteaban como siempre, Maggie estaba embobada tecleando en su teléfono, La empleada ordenaba mis cosas. Estaba todo más o menos igual que cualquier mañana. Era Pedro el que estaba distinto, como ausente, ni siquiera me miró cuando salí. Pero yo sentí que me estaba diciendo adiós.

“Hace casi 7 años que nos conocemos” le dije a Willie mientras caminábamos por la Plaza del Pozo como le decimos nosotros “Ambos nacimos en Pinamar… me refiero a Pedro, él también es de allá. Surfer desde pequeño.” Suspiré “¿Yo? No, yo soy más de correr a la orilla del mar, aunque cuando está lindo también me tiro un chapuzón, como cualquiera.” Nos sentamos a la orilla del lago a ver los patos. No sé por qué, pero siempre me tiran mala onda. A mi, hay veces que me provoca corretearlos como si fuera un chiquillo incansable, con algo de malicia, acorralarlos a las rejas, escucharlos gruñir para defenderse, cogerlos por el cuello, apretar poco a poco, más, más y más… hasta que el graznido molesto se ahogue en un sollozo, una súplica, silencio.

Comenzaba a hacerse tarde. Subimos los perros a la camioneta. Yo me senté adelante y asomé la cabeza por la ventana. El aire del otoño comenzaba a enfriarse, recordándome la costa donde nací. Y sentí tristeza. Me sumí en los recuerdos más primitivos: el olor de la arena húmeda, el rocío que se atrapa en el pelo, miles y miles de mejillones haciendo sus túneles al mismo tiempo. El silencio del bosque.

Me sacó de mi ensueño un olor especial: el puerto. Pestañeé varias veces antes de comprender que estaba olfateando el mar, pero no era el mar, sino el río mezclado con el mar, pero no era el río, sino una mezcla inmunda de sustancias muy agresivas. Las grúas rojas, el puente, el estadio, el peaje.

Miré a Willie queriendo preguntarle “a dónde vamos?” pero estaba demasiado concentrado cantando una milonga dolorosa. Ese evidentemente no era el camino a casa. A mi casa.

*******

Hace semanas que estoy acá. Con todos los perros. Duermo encerrado en una jaula, en un barrial inmundo, húmedo y frío. Como con los perros,  en unos tachos de plástico llenos de moscas que nunca lava nadie. La comida es siempre la misma para todos, pero es escasa, y hay que jugarse para comer. No todos los días como. Extraño a Maggie y extraño su guiso de lentejas y el arroz integral.
Acá también hay críos, pero no son como los mellizos que nos miman y nos cabalgan. Estos pequeños primitivos nos tiran de las orejas, nos arrojan piedras, nos queman la cola. No hay joyas, ni juguetes, ni almohadones lujosos. Pese a todo, soy feliz. Estoy al aire libre y sigo viendo a Willie de vez en cuando, que viene por mí y me saca a pasear a un lago donde no hay patos ni lanchas, sino botellas de plástico de muchos colores y unos aromas muy excéntricos.


Sin embargo, a la noche, cuando todos duermen, y se escucha el sonido de la ruta. Me acuerdo de Pinamar, y del olor a casuarinas, el mar en invierno al correr por la costa, y Pedro salir del agua para abrazarme. Y lloro.

6.5.14

diálogos efímeros: en la plaza

(At the playground)

- you need to ask to borrow that shovel. 

- can I borrow your shovel?

- in Spanish! 

- can I borrow that shovel, por favor? 

23.4.14

quien escribe se disuelve

conmigo, se va
la obscuridad

no habrá más
versos mediocres,

no habrá más
bailes de madrugada

viene alumbrando
esa luz

que te deja ciego

19.4.14

zzzz

hace varios años, estuve parando en un hostal en Praga. un gran gimnasio con muchas literas (cuchetas). muy soviético. tal vez 150 personas compartiendo la "habitación."  a media noche entró un personaje peculiar. era enorme. pisadas pesadas y cansadas, traía un bolso colgado del hombro, como de esos militares. se acostó a unas camas mías. no tan cerca. yo miraba su silueta mientras escuchaba the cure en mi reproductor de cd/mp3. se acostó con sonoridad y en menos de dos minutos comenzó a roncar. los ronquidos se escuchaban a través de la música, cambié de género, me fui hasta la z de zeba y subí el volumen. no conseguí taparlo. nunca escuché un ronquido similar!

sus graznidos cimbraban el lugar, la gente comenzó a reírse nerviosa, después de varios minutos más empezaron los "shusheos," luego las mentadas de madre, los gritos. no sé si lo estoy inventando o si lo soñé, pero podría jurar que un canadiense se levantó a patearle la cama! pasaron tres cuartos de hora hasta que  finalmente alguien se levantó y fue por el encargado... ruidos de pisadas nerviosas, puertas, pisadas de vuelta, alguien encendió la luz. la brillantez de la luz blanca de los tubos neón nos descubrió a todos despiertos. corrijo: casi todos... el viejo seguía roncando. el encargado lo zamarreó y le dijo: sorry pop, you have to leave.

como salido de un trance, el gigante volvió de su letargo, se rodó en su gran panza, puso dos botas negras pesadas en el piso, se abotonó el cinturón de oro, se calzó el saco de terciopelo rojo y, con la barba y los pelos siempre despeinados, tomó el gorro y el saco que cascabeleaba y volvió por donde vino.

a la mañana siguiente, nadie había recibido un regalo

3.4.14

Guadalupe

Guadalupe despierta
a la mañana
y canta
mientras se baña

un rayo de sol
la descubre
convertida en mariposa
a Guadalupe

por la mañana Guada 
el sol que canta

su pelo brilla
Guadi a medio día

a la tarde se disfraza
y la llaman Guada la Blanca

Su nombre lleno de letras
es como una mariposa
que da muchas volteretas

Feliz cumple
Guadalupe

11.3.14

Helena

existió una Helena
que fue muy famosa:
Helena de Troya

Pero hay mil Helenas
que son divertidas
y desconocidas.

Voy a presentarles
a mi preferida:
Helena marina.

Cuando va a la playa
se llena de arena,
mi querida Helena

y a la nochecita
se vuelve sirena
y entra al mar
Helena

Gracias Anahí Flores por tan lindo regalo de cumpleaños