12.4.05

jaxaipa

Y Jesús sabe que hacer. Da un paso decidido al frente y golpea a Don Ramón. Un golpe al cacique es la muerte segura, pero Jesús sabe que la vida de arrepentimiento es peor. Lo sabe, la ha vivido. Don Ramón cae del golpe. Jesús agarra a Lupe del brazo. Huirán, sí, eso harán. A la ciudad. Será como la primera vez. Pero esta vez juntos. Don Ramón reacciona de la sorpresa inicial y rápido saca su pistola. Un disparo seguro le da a Jesús en el vientre. Éste cae. El piso del seguro es frío.

Y Jesús está tirado ahí, sobre ese piso tan común en los edificios de gobierno. Ve sus manos, están viejas y arrugadas de nuevo. Se trata de incorporar. Pero no puede. Un dolor punzante le recorre el cuerpo. Voltea a ver su vientre y se da cuenta de que sangra. Ve a todos que con indiferencia siguen en la fila, están acostumbrados a nunca quitar su cara. A menos que estén con un conocido, la máscara se queda puesta. Jesús se muere, una bala en el vientre. Y él lo sabe.

De la multitud se separa una joven. Es ella. Trae el semblante que a Jesús le agrada. Lupe se acerca. Trae las flores blancas y hermosas. Las pone a un lado y acaricia la cara de Jesús. Jesús sonríe con su chimuela dentadura. Otro dolor punzante le recorre el cuerpo. Al abrir los ojos de nuevo Lupe no está. ¿La soñó? ¿Soñó todo? Se vuelve a tratar de incorporar cuando la herida de bala lo detiene. Por lo menos esto es real, de eso está seguro. Acostado voltea y ve el ramo de flores. ¡Son reales! Pero ahora están marchitas, como si muchos años hubieran pasado por ellas…

Jesús sabe lo que tiene que hacer. Respira profundo, de la forma en que se debe respirar el último soplo de vida…

EXHALA

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