2.9.04

amor que muere bajo una noche estrellada I

Obra de teatro en un acto y cuatro cuadros


Personajes:
(por orden de aparición)
Bernardo
Marta
La sombra
Carla
El Ángel

(…y la Noche sale huyendo por la ventana)
Juan Vicente Melo...minimalia




fuente del dibujo

Primer Cuadro: Bernardo y Marta están en la cama. Apunto de dormir. Él saca su libro del boureau y ella se cepilla el cabello. Todo aparentemente está bien, pero, sin aviso ni nada, ella explota.

- ¿Marta?
- ¿Qué?
- ¿Sabes que esta es una noche preciosa?
- Si, yo me la he pasado de maravilla. La cena, las luces, las estrellas.
- De eso hablaba yo, de las estrellas. Todo lo demás son simples formalidades. La luz del cielo en las noches es lo más bello que nos puede pasar. La cena, las flores, las velas, no son sino el prefacio de una verdadera belleza.
- ¿Y yo?
- ¿Tú que? Sigues aquí y eso es bueno.
- ¡Bueno nada más! Bernardo, ¡Estoy viviendo sin ti! Aunque mi ser lo conoce todo, absolutamente todo, respecto a tu alma y persona; pero tú, parece que no estás aquí – Marta se levantó de la cama como un rayo, estaba harta de aquella situación.
-Yo sigo aquí, la que se quiere ir, desde hace tiempo, eres tú – Bernardo jaló las cobijas y se disponía a dormir. – Marta, yo te amo, realmente te amo, pero siempre encuentras un pretexto, la cosa más absurda, para empezar a discutir; hoy nada más no tengo ganas. La noche está estrellada y con eso me conformo.
-¡Es que no entiendo!
-Qué no entiendes – Bernardo aparenta calma pero está apunto de entrar en su juego.
-Tu indiferencia.
-Yo no te soy indiferente, nada más no me quiero pelear por tus aberraciones.
-¡Pero es que hasta te ríes de mi manera de humillarte!, ¿No dices nada? – Marta se acerca a Bernardo y lo destapa, entonces él se levanta.
-¿Y que quieres que diga?
-Pues no sé, pero he llegado al grado de destrozar tu pseudo-ego y repartirlo por entre los rincones y a ti, ¡te vale madres!
-No es que me valga, lo que pasa es que le doy importancia a las cosas que deben ser importantes. Cuando estás en tus etapas materialistas, luego luego te pones a competir y tratas de humillarme para que tú te creas que con eso te sentirás mejor, pero la verdad es que terminas igual de enojada y no te sacias con nada. Parece que no me quieres, que nada más soy tu tabla de referencia para ver que tan ojete puedes llegar a ser con tu pareja.
-Pero eso no es todo cierto. El colmo y lo menos inexplicable, es que realmente llegué a amarte.
-¿En pasado?
-¡No en presente! Eso no tiene importancia, por favor concéntrate.
-Bueno perdón. Entonces, si me amas, en presente, ¿de qué estamos discutiendo?
-¿Aún no lo entiendes verdad?
-No, realmente no sé que te pasa. Nos amamos, nos sentimos bien estando juntos. Hay libertad entre nosotros, lo cual significa que puedes hacer lo que se te de la gana y por mi, siempre va a estar bien; yo sólo quiero que seas feliz.
-Es que ese es, exactamente, el problema.
-¿No eres feliz?
-No, eso no. He llegado a adorarte al punto de jamás olvidarte.
-Entonces lo siento, pero no te puedo seguir el paso. Dices que me amas pero que no estoy contigo y dices que jamás me olvidarías cuando no hay necesidad de hacerlo pues estamos juntos. Yo lo que siento es que estás insegura de algo y eso me angustia. Ahora pues, dime que diablos te pasa de una buena vez.
-Sabes bien que no soporto el encierro.
-Si, eso lo se desde el día en que te conocí; me rogaste por salir al cine o hacer algo porque en tu casa te asfixiaba la inercia. Sé que no te gusta el encierro, como tampoco te gusta el compromiso y es por eso que no nos hemos casado, por tu pánico infundado al compromiso.
-De dónde sacas eso ¡Yo no tengo miedo al compromiso!
-Por favor Marta, ahora resulta que también sufres de amnesia, ja ja ja. Cada vez que te encuentras a alguna de tus amigas, de las casadas, se te transforma la expresión facial y pareciera que te vomitas del asco. No te gusta el compromiso ni el sentimiento de igualdad, prefieres saber que la puerta está siempre abierta para largarte cuando quieras.
-No hay nada que yo no pueda hacer como tampoco hay quien me lo pueda impedir, pero tú de una u otra manera me mantienes en una especie de bóveda que simula compromiso y eso es lo que le haces ver al mundo entero, pero más bien esa bóveda es una garantía para ti acerca de tus propios miedos e inseguridades. Tú lo sabes, nada más que no lo aceptas.
-Ahora resulta que yo debo saberlo todo, ¡ja!, ¡Si no te dejas! Varias veces me atreví a preguntarte acerca de tus metas, acerca de tus más anhelados sueños pero nunca te importa, nunca has querido compartir tus opiniones. Lo único que haces es quejarte.
-Sabes, pensé que eras especial y por eso estuve contigo, pensé que lo sabías y ese fue mi error.
- (Bernardo está desquiciado) ¿Entonces la nuestra es una historia perdida, eso es lo que realmente quieres decir verdad? Si ya te conozco, no sé ni porque me alarmo, pero pensé que tu amor superaría tus miedos.
-Lamentablemente no es así. No soporto el encierro, mucho menos contigo, por eso me voy. Que te vaya bien.
-¡Por favor no te vayas!
-Ahora sí que está bueno, hoy estás aquí suplicando por otra oportunidad. No hay manera, ni en el mismo infierno de que me quede a tu lado, estoy harta. ¿Acaso no tienes autoestima?, ¿No hay nada dentro del óvalo que pende de tu cuello? Sinceramente, no sé cómo alguna vez llegué a pensar que eras especial. – Ella va a salir pero Bernardo la detiene.
-Déjame decirte algo; la última cosa Marta, y me vas a escuchar. Yo jamás pensé que hubiera tanta frialdad en tu alma, que no pudieras querer a alguien por lo que era no por lo que pareciera; no por si se pareciera a ti. Si hay alguien que efectivamente no tiene nada de especial en este cuadro, definitivamente ese alguien eres tú. Qué lástima me da que termine nuestra relación así, pero estoy cansado de rogar por tu amor, si no quieres dármelo, entonces indigéstate con él.
-Que tengas buenas noches y una excelente vida porque estoy que me colma la paciencia contigo. Nunca me entiendes y cambias el sentido de las cosas, eres un mediocre.
-Y yo estoy harto de tus comentarios sarcásticos y de tu extrema violencia para conmigo, ya no me puedes importar menos; yo lo único que buscaba era amor.
(Ella sale y Bernardo se sienta en una silla con las manos sujetando su cabeza en explosión)

oscuro.

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