8.9.04

malicia

I

Al despertar de la REalidad, Malicia se dio color de que los sueños se sueñan en blanco y negro. (RE)tomó el libro que no REstaba REleyendo y se RE(su)puso a averiguar de qué se REtrataba… a sí misma (curiosamente nadie ha visto esa fotografía). Era un libro de Historia, pero no de la Histeria que se cuenta a los niños del mundo entero, sino de una H. Historia que a ella en part(e)icular le gustaba. El libro era llamado por los que sabían leer como: La gran matanza de los gatos y otros episodios de la historia de la cultura francesa[1]. Esa última parte del libro, y sobre todo del título, no le gustaba. Pre-fería pre-freir a los gatos.

Sucedió entonces que llegó a la Realidad una mujer que, según Malicia, de gris tenía pintados los cabellos y de negro los sentimientos. De Malicia era su súper supuesta está hermana Ana-estácia (que, por cierto, era tartamuda) que había comprado un gato en el mundo gris para celebrar el Cumpleaños de su hermana. Para Malicia cumplir años no era más que cumplir promesas o (pro)poner las mesas para una gran cantidad de gente desconocida que se cumplimetía a asistir a un VANquete(invitan) sólo por meterse el pastel. Cómo le hubiera gustado que esas personas de su NO realidad aparecieran en su cumpleaños para hacer las cosas un poco más comestibles.

Pero hablar de los cientimientos o los milimientos, e incluso los sentimintos, con Ana-estácia era una causa perdida; para ella eran pu puras men ti tiras. Ella sólo comprendía lo que su minivisión le dejaba compre-VEn-der. Así que Malicia tomó al gato sin decir nada… sólo Gracias. Lo conTEMPLó y con Gracia se percató de que el miniNO también Gracias hacía; para su desGracia, nada extraordinario por supuesto; sólo caía de cabeza cada vez que Malicia lo tiraba desde un árbol, pero no le pasaba nada.
Malicia intentó luego enseñarle a leer pero fue en vano y mejor se leyó para sus adentros entrañados de entrañas y misterios. Y encontró, dentro de aquel libro de Historia, que los gatos eran sac(rific)ados en los carnavales de los franceses carnales para sacar a sus (des)amos burgueses del poder.

Malicia quiso DARle al clavo, o a algo similar, como el dichoso DARnton que había escrito ese libro de matanza de gatos. Se decidió a DAR un gran salto desde su no-realidad e internarse en el cyber espacio para DAR unos cuantos té-clazos mientras tomaba una taza de té con su nuevo gato al que había llamado Vale-Río.

Dentro del cybermundo no-real ni(n)falso, escuchó el lento rroonnrroonneeoo de una estúpida voz que medi(es)taba idiota una tonta paradoja acerca de una aguja y un pajar. Malicia, que desgozaba de una excelente hortographya, comenzó a Teclear buscando, no una aguja, sino un clavo como el de Darnton. Vale-Río (el gato) mientras tanto y de tanto en tonto, ronroneaba una canción de sus entrañas:
rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr

El gato cantaba erres, Malicia tecleaba y buscaba… y la lenta voz dentro del (des)ordenador seguía buscando una aguja dentro de un pajar. Malicia se desquició y a golpes tecleó:

— No, lo verdaderamente difícil ¿o disfácil? es encontrar un pajar en una aguja... lo contrario es más zencillo.
Malicia se rió maliciosamente mientras su computadora procesaba su “koánica” respuesta. Realmente no sabía lo que estaba diciendo, ni lo que significaba koánica, pero era realmente cierto que no se estaba aburriendo; solo riendo con su gato Vale-Río.
—¿quién dijo “eso”? Preguntó la tonta vocecita dentro del (des)ordenador.
—Yo no dije “eso”, yo escribí lo que “escribí”- respondió Malicia.
—bueno, ¿entonces quién eres?
—soy, digamos que “soy lo que soy”
—¡Por Gates! ¿eres acaso Bill? Mi nombre… mi nombre es Silicia, soy una Lentium III.
—¡No Marriot Silicia! Él no tiene nada que “ver” en este Relato Reloco ¡y ojko con lo que ben los mirones!
—Pues claro respondió Sillycia, con todos esos herrores de horthographyá
—y ni digan de las gramaticales fa tas ¿dónde quedó la “ele”? ¡Falta una “l”! ¿Alguien se la llevó?
—Yo creo que más bien “alguien” no la tecleó... - dijo Silicia, con inusitada astucia.

Malicia de pronto y tan pronto como pudo dejó de reír pensando en las tonterías que esa Sillycia le mal-hicía viajar a través de un teclado y se dio vuelta y luego, sin darse cuenta, cayó en la cuenta del hoyo de un cuento profundo que le decía Matri(X)cialmente que siguiera a un conejo blanco llamado Bonejo dentro del hoyo por el que caía en vez de seguir leyendo a la lentísima Silicia.[2]

Pero antes de seguir cayendo por el hoyo en busca del tal Bonejo, hizo una pausa, cerró el libro del tal Darntonto, se Terminó su tal té y mató a su tal gatonto Vale-Río con fuerza, hahaha.




[1] DARNTON, Robert. “La Gran matanza de los gatos y otros episodios de la cultura francesa”, FCE, México, 2000.
[2] Si quieren saber qué le sucedió a Silicia, lean Hypertextos “Silicia en el País de las MAC-ravillas” de Antonio Rada.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi queridiosa demonui:

SEXcelente texto! un gran viajejejejejeje literario del cual nunca sab-remos remar para salir del río de risas risabrosas que pro(in)vocan tantos tontos datos de tos jejeje

Ant-onion Ra-dharma

Anónimo dijo...

diminui:

no entendí nada (o casi) de "malicia", pero me gustan y confortan tu página y tus historias. gracias y felicidades,

bosquimano

pepo dijo...

me RE-sor-prenden tus pala-(a)bras(adoras) cavadoras de (in)con-ciencias(¿o sera de incon-Sientes?)

gracias por ligar la liga de hypertextos, com(re)partiendo cono-cimiento litera(lmente)-rio

sardina dijo...

MALICIA... en el país de las maravillas???...

diminui dijo...

en realidad es malicia en el país de las tonterías.
pero si... es un fusile, ni hablar