24.11.04

madrugada

Escribir en el renglón siguiente:
Una estrella en el zapato
Una noche lenta
Asimetría en el humo
En la pared,
un círculo,
el rectángulo ficticio
Lo efímero del aire,
del fresco rectángulo, transitorio, oscuro.
Ya no habrá que decir
nada de la lentitud,
Una crónica del instante estrellado.

Otra vez una mancha en la pared,
en las aristas del tiempo,
en la agujeta intermitente de la noche larga.
Rayas, el deber de cubrirlas
No importa.

Ron, una sonrisa: la instantánea de la vida
Cuadrúpedo flotante
Un pedazo de madera en los labios
Cuadro entre cuadros... piel
Escribo poesía que nunca se leerá en voz alta.
Alquitrán prohibido... deseo
Azul en el rojo vivo,
que se eleva,
entra,
sale,
se desvanece,
se absorbe.
Y el pie en su perfecta calma dormida.

El cinturón en el pecho,
ya no en la garganta aturdida
por el nudo de la ausencia...
ahora más profunda
Como el licor que siempre falta
Como el dedo en la oquedad: la uña y el diamante negro.
Pero, qué es algo sin fecha,
sin nombre,
sin lugar,
sin humo que es siempre
es tan importante...

Una madrugada larga en notas académicas

Resquicios geométricos perfectos: una geografía del alma,
dibujar la topografía de tu piel,
con la lengua humedad evaporada,
rosa,
perfecta.
Y un desvelo bien lo vale, siempre.
Como las volutas que descienden,
nariz,
piel,
vello,
tú.

Una geometría dibujada
por los lunares de tu espalda,
del torso,
del muslo,
del lunar aquel
que tiene personalidad propia.
Una hora diciendo adiós,
el siempre molesto y podrido adiós...

La catarata del tiempo
Una carga electrónica en la espalda,
el bolsillo inquieto.
La voz ronca,
resquebrajada por el hastío de la soledad...
soledad,
nada,
siempre,
absoluta,
lenta...

Naranja, azul y negro...
los colores del vacío.
La transparencia en una botella
Veinte de madrugada
Dos sin mil, cuatro segundos para alcanzarte

Una emoción en lenta erupción, intensa...
Las vidas se cruzaron como las huellas digitales de los pies,
como el deseo que me confunde con la extrañeza
Y un olor extraño, siempre...
el tuyo onírico real, existente en el umbral,
un sitio, el espacio bondadoso.
Mañana sabré, ahora, no sé.
Desde la pupila encantada,
el juego limpio y décimas que se alcanzan...

JC