22.7.05

a oscuras

Escondida, entre las tinieblas de un pasillo que ha quedado desierto por falta de electricidad. A tientas, encuentro un cerillo, la mecha no enciende, el aire la ahuyenta… sigo en silencio. No puedo escribir, ni leer, ni pensar… está todo a oscuras. El recuadro de cristal permanece en tinieblas, la compañía de luz de vacaciones, para variar. El aburrimiento me agota más no lo suficiente como para volver dormir. De pronto, en el cielo se enciende una luz tenue que permanece. Salgo nuevamente al pasillo, a gatas después de tropezarme con el tiradero que se ha ido acumulando; también la sirvienta está de vacaciones... desde hace 5 años.Pasando la montaña de ropa sucia es que los veo, por la ventana común. Son dos… ella está atrapada contra la tierra un poco asustada y él la mira con perverso cariño, con esos ojos inservibles pero tan hermoso, tan llenos de miedo detrás de los cristales empañados de una lluvia particularmente delgada. Un brazo se acerca al cuello, apretándolo con dulzura y el cuello se resiste, entonces el brazo de él inyecta más fuerza... la adrenalina que me sube por el pecho, sofócame e inúndame los poros esperando no ser descubierta. El terror en la mirada de ella no impide que siga levantando las piernas para tocarle las nalgas con las pantorrillas. Él se ausenta, algo en su mirada me hace saber que la desea pero le tiene miedo. La luna está amarilla, suenan las olas del mar… par de dos recostado sobre la arena; tierno manto de fina piedra. Ella le suplica con la vista que la tome, él sólo acaricia su cabello y le sigue estrujando el cuello. El amor es una ilusión engañosa cuando no se le conoce.


“Pronto, bésala”…. Nada…. La noche terminará pronto, la luna no podrá soportar más el peso de una noche sin estrellas, y él sigue sin besarla, incrementando el deseo en ella y en mí. Ella lo tocó hasta desfallecer, él permaneció con la mirada perdida y las manos decididas a no moverse hasta que desapareció la luna. Yo regresé a mi habitual incertidumbre, con frustración enmarañada entre los dientes. Me quedé con ganas de ver un final más intenso pero la muerte siempre es un final sin segundas partes; definitivamente aburrido. Gateé vencida de vuelta a la soledad… por lo menos él dormirá tranquilo. Ella soñará un mejor final para esta historia; o tal vez no. Yo encontraré una linterna y seguiré maldiciendo eternamente la oscuridad provocada por la ineficiencia de la compañía de luz.

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