21.10.11

El gato y la simbología ambivalente IV




El gato como símbolo de poder


   “He estudiado a una gran cantidad de filósofos y a una gran cantidad de gatos.
La sabiduría de los gatos es infinitamente superior.”[1]

Existe otra acepción más para sumar a esta connotación polémica alrededor del gato, y es su estatus como símbolo de poder económico.  Ya dijimos que en el Renacimiento y la Ilustración, los gatos se convirtieron en compañeros y amigos de grandes personajes.  Con la aparición de una nueva clase social -la burguesía- el gato (comúnmente relacionado a reyes y figuras de poder hegemónico) pasó a ser un bien deseado por los señores burgueses.

Durante el siglo XVIII, en los talleres de imprenta franceses, se comenzó a poner en práctica una derivación exótica de la fiesta de San Juan en donde, tradicionalmente se mataban gatos.  Pero esta vez, a los gatos no se les mataba por considerarlos entes demoníacos, sino por ser íconos del poder de los patrones opresores.

Robert Darnton, en una obra titulada “La Matanza de los Gatos y otros Episodios en la Historia de la Cultura Francesa[2] relata un cruento episodio llevado a cabo en el patio del taller de la imprenta en la calle Saint-Severin de París. En general, el autor dice que, al hacer historia sobre la vida privada de los trabajadores, el apartarse del camino trillado y ortodoxo de la historiografía contemporánea no es una metodología en sí, pero el uso de fuentes como anécdotas, poemas y cartas (como en el caso de este testimonio), otorga la posibilidad al lector de disfrutar visiones poco usuales de la historia que pueden ser muy reveladoras.[3]

En este caso en particular, la matanza de gatos es como una metonimia[4] que representa, simbólicamente, la opresión burguesa ante los obreros de las imprentas parisinas en el siglo XVIII.  Los impresores vivían y respiraban una atmósfera de costumbres y creencias tradicionales que lo penetraba todo. En un contexto general, los gatos simbolizaban, entre otras cosas: sexo, violencia y brujería. Eran utilizados para muchos remedios medicinales y con frecuencia, eran un símbolo importante del Carnaval.  El carnaval en Francia, como en otros lugares del mundo, ha sido por siglos un medio utilizado por la juventud para expresar sus deseos más carnales, permitiendo a la gente del pueblo salir, por unos momentos, de la represiva realidad. Matar a los gatos significaba muchas cosas, pero en el caso de los obreros de la imprenta parisina, significaba humillar al patrón burgués y “violar” de manera simbólica la intimidad de la patrona al matar a la gata consentida Grise (que era como parte de la familia) y dar a conocer así su adulterio con el sacerdote del pueblo (algo sabido por todos, incluso por el patrón, pero nunca exteriorizado). No conformes con eso, el texto revela que los obreros, después de cometer su fechoría, reían a carcajadas en el taller, al ver cómo el aprendiz, que era un excelente copista (imitador), repetía la escena de la matanza una y otra vez, no para recordar a los gatos difuntos, sino para restregarle al patrón que habían encontrado una ranura por donde violar su autoridad, cogerse al gato, matar al gato, ultrajar a su mujer, una y otra vez remembrando como cual eco, esta violación a su autoridad. 

En este texto no podemos encontrar un odio de clases porque aún no existe la consciencia de clase, aunque si se manifiestan las diferencias entre unos y otros, ricos y pobres por lo menos.  Pero al no haber conciencia de clase, la clase obrera no puede rebelarse por completo y busca siempre medios para liberar su represión, utilizando al gato como un símbolo que alguien tres siglos después no comprendería a menos que tuviera claro el contexto en el cual se llevó a cabo la gran matanza; lejos de dios, lejos del diablo y, como siempre, más cerca de los seres humanos.

Así, aparece en el testimonio histórico una tercera faceta de la compleja simbología felina. Y se explica, de una manera novedosa, que este animal/dios/demonio matado tantas veces, siga conservando, algunas de sus tantas vidas.

para más sobre la simbología felina leer los capítulos anteriores:
1. entre el dios y el demonio
2. el gato como dios
3. el gato como demonio


[1] Se atribuye esta frase al escritor francés, Hypolite Taine.
[2] Robert Darnton, La Gran Matanza de los Gatos y otros Episodios en la historia de la cultura Francesa”, FCE, México,2000.
[3] Cita: cuando no podemos comprender un proverbio, un chiste, un rito o un poema, estamos detrás de la pista de algo importante (pg. 12).
[4] Figura retórica que designa una cosa con nombre de otra.

1 comentario:

Sico Pérez dijo...

Mi lógica es un poco gris, un poco nocturna. Es una lógica con techos, lluvia, una lata vacía de cerveza trip trip trip, qué cosa tan seria, y un poco de soledad y whisky. En el fondo toda lógica es solitaria y sobre todo la de los gatos. En realidad un gato no vive su propia vida. Un gato vive la vida de la ciudad. La lógica del gato es la de la calle, la de la sangre, la de la basura y la mierda trip trip trip. Una lógica jodida, puta mierda.