30.8.04

amor que muere bajo una noche estrellada II

Obra de teatro en un acto y cuatro cuadros

Segundo cuadro: Bernardo está solo en su cuarto, pensando en la mujer que lo acababa de dejar. Su único amor desde que Carolina (su esposa) murió. Mientras cavilaba por el cuarto, sintió un escalofrío que lo alarmó; era la segunda vez en su vida que lo sentía y ya sabía de qué se trataba, pero igual fue su sorpresa al verlo materializado esta vez; una sombra aparece en escena.



-Sé que estás adentro, lo siento, tu mirada penetrante invade cada centímetro de mi cuerpo pero no quiero voltear, no quiero verte. Sabes que tengo miedo, pero no será mi fin. Pero sigo aterrado, y es que ¿quién se atreve a mirar a la muerte a la cara?, Aún no es demasiado tarde para vengarme de ti. Mejor actúo.
Hacía mucho que aquella sombra alada se había detenido en una esquina y no paraba de contemplarlo, no movía ni un solo músculo (si es que los tenía), ni siquiera se escuchaba algún signo de respiración. Bernardo no tenía manera de ubicarlo. No pudo esperar más y corrió hacia la cama, se acercó al boureau, abrió el cajón y tomó unas tijeras. Bernardo volteó rápidamente y lo sintió en la cama; acosándolo de cerca y apunto de atacar. La sombra tenía una mirada confundida, trataba de entender lo que pasaba, pero antes de que pudiera expresarse huyó y en ese momento Bernardo clavó las tijeras en una almohada y la destrozó. La sombra había escapado; una vez más.
(entra su hermana Carla)

-¿Qué haces?
-Silencio que se escapa.
-¿Qué?
-¡Shhhhhhhhhh!
-¡Ay bueno! Qué genio te cargas hoy hermanito.
-No estoy de malas, pero algo se estaba moviendo entre las penumbras de mi cuarto, me analizaba, estudiaba cada centímetro de mi cuerpo tratando de buscar el punto donde todos los sentimientos se rompen y el dolor es tan fuerte que la muerte, más que un castigo, hubiera parecido un alivio. Yo tenía miedo; demasiado miedo. Me paralizó por momentos y el único dominio que me quedó sobre mi cuerpo fue el de quedarme quieto. Casi sin respirar traté de escucharlo, miré por entre los lugares donde había estado pero ya no estaba.
-¿De qué hablas? Estás medio loco, ja ja ja.
-No, no estoy loco, estoy asustado. Pero ante este peligro encontré una salida, no era una salida fácil pero era mejor que el pánico, ahí estaba la mesa de noche y recordé las tijeras que guardo ahí; Exactamente lo que necesitaba. Era un boleto sin retorno a aquella libertad que estaba en juego desde que esa sombra apareció. Lo único que necesitaba era un poco de valor, juntar unos gramos de coraje y lanzarme a contraatacar, si lo lograba, hubiera dejado de sufrir. Todo se veía tan simple que con un solo movimiento todo habría acabado, más debía de hacerlo rápido, muy rápido, si no él pudiese haber visto las tijeras y eso hubiera sido una catástrofe. Sentí su mirada, su incomprensión la máximo, y al momento de entrar tú, la sombra desapareció.
-Una de dos Bernardo: o te estás quedando totalmente chiflado o lo de escribir se te pasó de la raya. ¡Definitivamente que no entiendo a los literatos! Un día lloran de emoción al contemplar el atardecer y al otro día están en su cuarto tratando de matar una sombra con las tijeras, ja jajaja.
-¡No te rías!
-Perdón que me ría pero es un poco incomprensible, por eso yo prefiero las computadoras a los libros. Son un mundo abierto sin complicaciones.
-Hay mi hermana la internetual, tú no entiendes nada. Una sombra me acosaba y tú piensas que estoy loco, ahora ya se fue pero de haberla visto, tú…
-Oye, y hablando de partidas, ¿dónde está Marta?
-Se marchó
-¿Adónde?
-Lo mismo me he estado preguntando yo desde que la puerta se cerró.
-Pero ¿porqué?
-¡Dice que yo la volvía loca!
-¿Pero se veían tan felices juntos?
-Pues parece que eso no era felicidad para ella, me dijo que se asfixiaba a mi lado.
-Pero su relación era tan abierta, ¡tan libre!
-¡Sí!, para ella eso no parecía especial.
- La verdad, no entiendo.
-Ni yo, ¡qué idiota fui! Yo que pensaba que esta vez el amor se había apiadado de mí.
-¡Ay, Bernardo!
-No importa Carla. Si el amor existe, te juro que lo voy a encontrar… Algún día nos vamos a encontrar.
-¿Y ahora te sientes un poco mejor?
-Si, eso es seguro. Ahora me siento, sino mejor, por lo menos diferente.
-Y yo no sé si decir “qué bueno” o “cuánto lo siento”.
-No hay falla, del suelo no pasa.
-¿Pero estás lo suficientemente bien como para dejar de perseguir sombras verdad?
-No empecemos con lo mismo, no lo vas a entender jamás.
-Bueno, entonces ¿qué?, ¿Nos hablamos en la semana?
-Igual.
-Cuídate guapo.
-Tú también nena, ¿salúdame a mama sí?
-De tu parte, ciao. (sale Carla)


oscuro.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Vane:

Hace mucho no se de ti, y ante todo espero que la vida
no te este tratando del todo mal, a juzgar de las
fotos siguies igual de guapa que siempre.

Pero bueno, te tenia que dar las gracias, por estas
increibles lecturas que enviaste, lo unico que te
tengo que reprochar es como no las compartiste antes.
En verdad que es envidiable la capacidad que tienes de
expresar todos estos sentimietos y sensibilidad, no me
considero un crítico de literatura, ni aspiro a serlo,
simplemente me conformo con ser un fan de la lectura,
y te juro, en mi humilde punto de vista, tienes esa
capacidad, que a pocos les he leido, en verdad que te
vas a convertir en mi escritora favorita (después del
jefe Benedetti, claro esta).

Que chingón escribes

Un beso

Kilin

diminui dijo...

Gracias Kilin!

vuelve a la 4a. pared.
te extrañamos... el décimo aniversario no será lo mismo sin ti... aunke seas el árbol 3 y el preso 2

besos