17.8.04

La última vez que se escuchó de él


(intento desesperado de hacerlo volver)

Hola señor sueños fantásticos. Te escribo esta noche porque así tú lo pediste, no espero que lo que escriba te haga estar de acuerdo conmigo, simplemente disfruta y libera tus ideas de la jaula dorada mientras lees estas simples líneas. Pues esta noche una ventana está abierta, y del lado derecho se observa una calma seductora, un vacío de movimiento que no se descubre a simple vista; es más que frío interno, es simple música en tus oídos. Es la calma que se espera después de un día mortalmente agobiante y es la recompensa a los cientos de victorias ganadas por aquellas almas valientes y guerreras que se esfuerzan por no dejar que la noche salga corriendo por la ventana. Esa es precisamente la noche que habitamos nosotros, una noche que parece no haber estado lejos nunca pero irremediablemente estuvímosla buscando. Esa noche está aquí, imponiendo autoridad al día que no volverá jamás. Es cierto, la noche entra por la ventana y del lado derecho se observa un inquietante vacío, mientras que por el lado izquierdo, donde aquella ventana aún permanece cerrada, nos encontramos ante un constante movimiento, donde la noche no fluye con la calma que acostumbra, donde vivir sin aire es menos peligroso que dormir sin sueños. Aquel lado izquierdo de la ventana es inciertamente atrayente y fascinante al gusto del buen aventurero.

Quiero que entiendas que para mi, tú y yo somos aquella ventana. En cierto modo somos la misma, labrados del mismo material y cubiertos por el mismo velo cegador que cubre todas las demás ventanas. Esta ventana pudiera no ocultar nada excepcional, más hay algo que denota incertidumbre. Cada una de sus partes es diferente, la derecha es tranquila y ante la tempestad se mantiene inmóvil; pudiese decir inerte. El lado izquierdo se cierra ante la opresión, ante un murmullo aterrador que proviene del exterior y que, si por esta parte fuese, jamás penetraría en la habitación. Me gustaría que descubrieras a qué lado perteneces tú.

Hay un lugar incierto, hay un momento muerto, donde todo queda dentro, donde todo es algo nuestro. Deja que la noche viaje, deja que tu alma sueñe, deja que tus labios ardan y que todo lo demás espere. He esperado horas así, me he hecho sentir sólo a mi. Y nunca imaginé que esta precisa noche estuviera tan cerca de mi.

Es que no me importa realmente lo que hayas dicho, simplemente no puedo estar así nada más; como estuve ayer. Sigo actuando de la misma manera como quieren que actúe y eso no cuadra. De cualquier manera sólo una sonrisa lo borra todo y hace que la esperanza resucite de los fuegos tenues de una vela que ha llegado a ser la espera, y te das cuenta de que no hay nada más que esto; y esto está bien. Así que no debe importarnos las cosas que haces. Sabes que de hecho, puedo introducirme dentro en lo más hondo de ti para hacer que tus ojos simplemente toquen y sientan de la misma manera en que ellos observan.

La forma en que aquel mágico ámbar incierto de tus ojos me jala hacia dentro es indescriptible. Si tan solo, por un momento siquiera, tan solo además de perderse en sentido y texturas se dieran cuenta que mis ojos, (Los míos en especial) se están rompiendo en pedazos desde el cielo.
Es que no importa realmente lo que hagamos y sé perfectamente que jamás podré introducirme en ti para que tus ojos aparenten identificar el fuego como debiesen. Al menos, no pierdes ese sentido de saber que hay algo más aquí, algo que se esconde de ti y de mi. Porque hay mundos para donde partir con miradas dolientes y corazones marchitos y todos los rezos que tus manos pudiesen hacer.

Pero yo todo eso lo desecho, porque en cierto modo me lastima; todo lo desecho como si fuesen rostros de antaño que se lanzan hacia el espacio, o como lanzar mis brazos alrededor tuyo al igual que ayer y darme cuenta que el frío se hace cada vez más tenue. Ayer, varada frente a tu silueta, mis ojos se abrieron orbitalmente al momento de mirar aquel rostro de la misma manera en que me gusta que se vea y encontrar tu sonrisa en el preciso lugar donde siempre la plasmo dentro de mis recuerdos; lo único que me fue imposible evitar, fue el contener mis lágrimas saladas de la misma manera en que seguramente lo haces tú.

Disculpa que las promesas no sean las mismas, disculpa que todo lo que se dijo ayer no fuera exactamente un diálogo rosa; pero así es mejor, así se siente bien. Se siente bien conocer algo distinto que no necesariamente es malo, simplemente es diferente y por lo mismo genera una especie de atracción por aquello desconocido. Y es que no importa realmente lo que digas, sólo que no puedo permanecer más de la misma manera en que estuvimos ayer, simulando que actuamos como quieren que lo hagamos sin que sea nuestro deseo. Más bien debemos sonreír y olvidar porque las promesas se rompen y esa especie de acto de hacer y creer, que realmente no necesitamos, desaparezca ya que no hay nada mejor que esto. . .

Y al fin, me despido diciendo que esto es simplemente otra forma de decir lo mismo.


(… Su última respuesta y el adiós)

Si en tu abrazo pudiera encontrar siempre la extasiante sensación que un par de estrellas de un tenue color azul me hacen sentir, esta inevitable incertidumbre saldría de mí como lo ha hecho de ti, dando rienda suelta a tu más grande temor... irónicamente haciéndote estúpidamente feliz.

Sé lo que en tu interior fluye por mí, así como también sé que me gustaría sentir un poco más de cerca el sol, siendo tan capaz de hacer inexistente el frío que por la ventana entró junto con él.

Pero todo es un constante cambio y sé que tu frialdad se pierde en el espíritu en conjunto resultante de un gran amor... ¿Cuándo? … No lo sé, ¿cómo? tampoco... Sólo lo sé...


2 comentarios:

Zadowsky dijo...

Muy bueno! Un toque de sensualidad y lo misterioso de la noche son un excelente marco para poder imaginar ese lado izquierdo del cual, creo formo parte. Pero en fin, todo lo que diga sale sobrando, basta con leer, dejar que el texto te lleve y disfrutarlo.

diminui dijo...

si, supongo que todos los que nos autodenominamos como literatos o escritores o lectores y así... nos gusta pensar que estamos del lado izquierdo; de todo, aunque en la realidad no es más que cuestión de enfoques